¿Me vendo o no me vendo?

me vendo o no me vendo

Es un hecho que en este mundo multicultural (en el que Panamá, nación donde resido, goza de gran protagonismo regional -Centroamérica y el Caribe), las diferencias de idiosincrasia entre países cuentan enormemente a la hora de interactuar con terceros, de hacer negocios, buscar oportunidades y, por lo tanto, de generar resultados y alcanzar metas.

Me ha tocado vivirlo. En los últimos veinte años he residido y trabajado en diversas geografías y culturas lo cual es un extraordinario privilegio y una insustituible fuente de crecimiento personal. Puedo decir que sé lo que representa venir de un lugar donde hablar de sí mismo es esperado, y aterrizar en otro donde semejante actitud es vista como gran arrogancia. ¡Nada fácil! Me ha tocado ajustar “a punta de golpes” los niveles de formalidad que uso en distintos entornos, o la cantidad de tiempo que “invierto” en palabrerías introductorias, o el tipo de factores que debo decodificar o comunicar a interlocutores en un lugar o en otro.

Toda esta experiencia ha sido exponencialmente mayor en los últimos dos años desde que llegué a este maravilloso pequeño gran país donde los nacionales conviven con gentes de todas partes creando un interesantísimo conglomerado humano rico en infinidad de maneras de ser y ver el mundo.

Estando en Panamá he concluido una vez más que SÍ ME VENDO; he corroborado que la diversidad cultural no es barrera sobre todo cuando nos encontramos en la jungla (con el mejor de los sentidos) de la competitividad donde sí se vale “venderse” pues porque somos una especie de “productos” dignamente sujetos a “mercadeo” en plazas donde hay espacio para todo y para todos.

La clave para venderse está en la DIFERENCIACIÓN. Y la herramienta es la COMUNICACIÓN. ¿Qué es lo que hace a un jean o un cepillo de dientes mejor que otro o más adaptado a la necesidad de un usuario? ¿Qué es lo que un jean o un cepillo de dientes debe “decir” para que alguien lo escoja entre muchos otros? Con todo respeto, los profesionales pasamos por lo mismo. Somos productos competitivos en busca de compradores. Somos más o menos “mejores” en función del terreno en el que nos encontramos; nos comunicamos de una forma u otra en función de la persona que nos escucha, a sabiendas de que siempre, siempre habrá algún terreno y alguna persona que nos reciba con interés.

De eso se trata la marca personal. De reconocer esencia para comunicar con determinación y autoconfianza factores de diferenciación en ambientes culturales diversos. Vender marca profesional es más aventurado en unos países que en otros; entra quizá en el terreno de aquella “conversación difícil” (tomando la frase de Andy Molinsky) cuyo curso y formato varía mucho entre culturas.

En cualquiera de los casos, es necesario hacerlo. Y para ello propongo adoptar los siguientes 5 mandamientos de autopresentación:

  1. ¡VÉNDETE!, cualquiera que sea tu origen o grado de experiencia. Hazlo sin miedo a la acción de “vender”. Preséntate con nombre y apellido, poniendo al descubierto tu valiosa esencia y las características que te hacen distinto a los demás (valores, intereses, competencias y logros).
  2. Véndete con ELEGANCIA y espontaneidad. Adopta una actitud transparente, informada, educada y verídica. Di lo justo sin afectaciones innecesarias.
  3. Identifica tu VALOR y confía en él. Si crees en ti mismo te valoras y no tienes necesidad de fingir, de decir más de la cuenta, ni con palabras ni con gestos.
  4. Utiliza DATOS y expresiones de acción. En vez de adjetivos o frases calificativas (ej. “soy excelente”, “me considero inteligente”), recurre a información objetiva que muestre competencia, capacidad de generación de resultados; gestión de gente y procesos (ej. “recibí reconocimiento por aumentar ventas en 14 %”, “he podido unificar un equipo diverso de gente”). Apela a lo cuantitativo controlando el uso de lo cualitativo.
  5. RESPETA y CONÉCTATE con las preferencias culturales de la persona que te escucha, en función de su entorno organizacional y geográfico. Mientras más te vinculas mejor te proyectas.

Panamá me encanta, también en este aspecto de su riqueza cultural y diversidad poblacional. Aquí operan corporaciones globales que seguramente entienden el acto de “venderse” de una forma distinta al de empresas nacionales. En Panamá, quizá al igual que en Latinoamérica, utilizamos más el diálogo introductorio y la formalidad. Aquí prevalece el cultivo a las relaciones humanas por encima del mero hecho de hacer negocios, como en Norteamérica. Aquí la conversación es menos directa y deja espacio a la interpretación. Aquí la discreción es sinónimo de educación y confianza mientras que el ímpetu puede ser visto como presunción.

Ciertamente, hablar de diferencias culturales entre países es una aventura compleja que no he pretendido atender con este texto. He expuesto meras opiniones producto de observación. Mi propósito con estas líneas ha sido reforzar que en cualquier lugar que nos encontremos somos únicos y competitivos y que ESO hay que mostrarlo sin pena y con ecuanimidad.



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