Meditación cristiana: ¡camino hacia la unidad!

En algún momento de nuestra vida, distinto y definido para cada uno, las propias insatisfacciones de vivir actividades y distracciones a nivel superficial, conducen nuestro instinto a ir más profundo. Ese instinto espiritual nos enseña que al permanecer en quietud y atención hay mayor fuerza y riquezas por descubrir.

En ese preciso momento, empezamos a sentir urgencia en  -no trivializar e incomodidad- de satisfacernos solo con lo superficial. Si damos importancia a esta incomodidad y nos abrimos a ella, se va iluminando el camino que nos conduce a hacer contacto con lo más profundo de nuestro ser.

La quietud y el silencio en la meditación nos permite abrirnos a nuestra totalidad y el mantra nos conduce a una profundidad que eventualmente trasciende las distracciones. Ese es el propósito del mantra, traernos a ese punto de quietud y apertura, que está más allá de toda división.

Si hay,  a cierto punto desánimo, porque este efecto no es permanente y no se ve de inmediato. Pero, si logras que esto no te distraiga y te mantienes fiel al uso del mantra, ese desanimo pasajero se supera y es la vía única, segura, de encontrar la unidad que mencionábamos antes.

De lo más efectivo contra el desánimo, que ya les he recomendado previamente, es el pertenecer a un grupo de meditación semanal. Esta es una verdadera gracia que te ayudara a superar altibajos y a perseverar en la profundización del camino individual.



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