Meditación cristiana: ¿cómo meditar en Jesús?

Meditación cristiana: ¿cómo meditar en Jesús?

En la tradición cristiana, la meditación también es llamada la oración del corazón, oración contemplativa. Tienes curiosidad por saber cómo se practica esta forma de oración. Vamos a revisarlo brevemente, veamos los tres elementos básicos para practicarla: silencio, quietud, simplicidad.

Para estar en silencio hay que buscar un lugar tranquilo y escoger, o sea decidir, el momento para hacerlo. Los momentos ideales para meditar cada día son temprano en la mañana y temprano en la noche. A mí me ha costado definirlo, después de muchos intentos estoy clara que si no la hago al levantarme y lo voy dejando para más tarde, es seguro que no encuentro el tiempo, y lo mismo me sucede en la tarde. El sitio fue más fácil, me siento cómodamente en un sofá situado en mi cuarto que es a esa hora silencioso, lejos del teléfono, con el celular apagado por supuesto.

En esas condiciones puedo permanecer tan quieta como me es posible. La quietud es un paso importante para no centrarse en uno mismo, ayuda a dejar ir los deseos corporales que se nos van presentando: rascarse la cabeza, moverse, toser….intentar dejarlos ir, cada vez un poco más allá, para dejar de centrarse en uno.

La simplicidad implica un aprendizaje. Dejar ir todos nuestros pensamientos, imágenes, ideas, planes, emociones, en otras palabras vaciarnos y entrar a la meditación simples y tranquilos. Lo primero que vamos a descubrir es nuestro ruido interior: recuerdos, sueños, parloteos, planes, ansiedad. ¿Cómo hacemos para lograr esa simplicidad? Hay una tradición sencilla utilizada por la cristiandad desde sus comienzos y consiste en escoger una palabra sagrada o mantra y repetirla durante todo el tiempo de la meditación. Yo escogí, como recomiendan los iniciadores de la meditación cristiana, la palabra en arameo MA- RA- NA- THA, este fue el lenguaje hablado por Jesús y sus discípulos. Este mantra significa Ven Señor Jesús. Así, repitiendo la palabra durante todo el tiempo de la meditación, silenciosamente, interiormente en nuestro corazón, escuchándola con atención mientras la repetimos, es que vamos desplazando nuestro ruido interior.

Sin embargo, pronto nos daremos cuenta que, a pesar de tener la intención y de empezar a repetir el mantra en la forma señalada, en pocos segundos vienen las distracciones en forma de pensamientos, imágenes, todo tipo de cosas. Al percatarnos de esta distracción lo que hay que hacer es volver a retomar nuestro mantra, y esto no es más que volver a la simplicidad  que nos propusimos una y otra vez que nos encontremos distraídos.

Resumiendo, voy a meditar en silencio y para eso me siento cómoda, relajada y quieta. Con la espalda derecha para estar alerta y no dormirme y con los ojos cerrados. Si estoy muy tensa, la preparación puede comenzarse con algunos ejercicios de relajación o escuchando algo de música apropiada. Poner la atención en la respiración, es una manera práctica de evadir los pensamientos para algunos. John Main decía que la meditación es tan natural al espíritu como la respiración al cuerpo. Igualmente algunos pueden sentirse más cómodos sentándose en un cojín o banquillo o aun en el suelo, siempre con la espalda recta, eso sí.

Te recomiendo que tus meditaciones diarias comiencen por 20 minutos e ir progresivamente subiendo, cuando lo decidas y sientas así, hasta los 30 minutos. Dos veces al día, temprano antes del desayuno, y temprano antes de la cena.

El camino de la meditación es un viaje, una peregrinación, requiere disciplina y compromiso. Es simple, pero no es fácil.

Vale la pena intentarlo, te lo aseguro. ¿Te animas?



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