Meditación cristiana: compromiso con el otro

Aprender a meditar implica meditar todos los días, en la mañana y en el atardecer, evitando siempre evaluar esta meditación en términos de progreso o regresión. Este es el camino para aprender a ser, a ser quienes somos, en presencia de Dios, en completa simplicidad. Si somos fieles al mantra, este nos va conduciendo. Podemos decir que en el evangelio somos llamados, no a un análisis, sino a una síntesis, la síntesis que es conocimiento. Conocer al otro implica compromiso con el otro.

El conocimiento del que habla el evangelio, no es nuestro conocimiento, sino el conocimiento por el que somos conocidos. El abrir nuestra mente y nuestro corazón en el silencio de la meditación, a la presencia de Dios en nosotros: es el corazón del misterio -por el cual conocemos- con el conocimiento de Dios. Este llamado a la unión, que encontramos en el Nuevo Testamento, es lo que nos llevara a descubrir nuestra unión con Dios.

No olvidemos que es un camino de simplicidad, evitemos descifrar este misterio, permitamos a Dios que despliegue Su misterio en nuestro corazón. Esta clarificación personal y única contribuirá también de forma única con el universo y con toda la creación.



Deja tus comentarios aquí: