Meditación cristiana: El Momento Presente

Nos pasa con frecuencia a todos: Dios a menudo nos parece ausente. Es porque no estamos realmente en el aquí y el ahora. Nos pasamos la mayor parte de nuestra vida encerrados entre pensamientos del pasado y sueños sobre el futuro. Pensar en el pasado alimenta sentimientos de arrepentimiento, nostalgia, melancolía o culpa. Vivir en el futuro genera rápidamente ansiedad, temor y preocupación. Nada de esto, por supuesto, nos ayuda a conseguir la paz.

Pasado y futuro son construcciones de nuestra mente. Entre ambos, se encuentra el momento presente, que es la realidad absoluta. El momento presente es el que vivimos en nuestra meditación, es infinitamente pequeño y por eso infinitamente espacioso. Al empezar a meditar, con la ayuda del mantra MA-RA-NA-THA, despejamos el camino y atravesamos con esa palabra los pensamientos pasados y futuros, dejando paso a un estado libre de pensamientos, la realidad del aquí y el ahora: que es el momento de Cristo. Solo en ese momento presente podremos encontrarnos con Dios-Padre.

Vivir el momento presente es un arte que tiene lugar en nuestra vida diaria. Por esta razón, la vida ordinaria es la mejor escuela para la meditación. Esta disciplina diaria nos enseña a ver a Dios en el aquí y en el ahora. Sin necesidad de identificarlo con la religión, con el templo, con la sinagoga, la mezquita o con el ritual.

En conclusión,  la experiencia contemplativa es simplemente estar consciente del momento presente. Por eso para meditar no se requieren técnicas o teorías difíciles. Este tipo de oración es un camino de autoconocimiento que conduce al encuentro con: el verdadero ser. Este es el valor más preciado en nuestra vida porque representa nuestro punto de encuentro con Dios y con los otros.

La Meditación Cristiana es un proceso ordinario, un camino donde hay etapas, pero como es un camino espiritual no podemos medirlas.



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