Meditación cristiana: equilibrio y armonía

Meditación cristiana: equilibrio y armonía

¿Saben ustedes porque el mes de septiembre es tan especial para los católicos? ¡Seguro que sí!

Por esa razón no podía dejar de llamarles la atención de que en él celebramos, con gran devoción,  la natividad de nuestra madre María y varias de sus advocaciones. En Venezuela, por lo menos dos muy queridas e importantes, una de ellas la Virgen de Coromoto, patrona de nuestro país. Otra la Virgen del Valle, patrona del Oriente venezolana. Dentro de nuestra tradición cristiana, la devoción a María, destaca como una de las más ricas, ella representa una de las figuras que alcanzó la verdadera armonía humana. En María, el espíritu humano y su relación con la dimensión corporal, encuentran perfecta fusión y equilibrio: su pureza, fertilidad, maternidad, fortaleza, humildad.

Este equilibrio y la armonía que él genera son condiciones humanas esenciales para la oración. Ambos nos conducen a un estado de conciencia plena, no distorsionada, que nos une con el Espíritu de Jesús. Los antiguos Padres de la Iglesia los reconocieron como «el verdadero conocimiento de Dios», en otras palabras «la conversión».

Los primeros Padres de la Iglesia vieron en María la experiencia de la interioridad del misterio cristiano, ella se convirtió para ellos en un símbolo valioso de oración. La maternidad de María es un signo, un sacramento, de su plena interioridad. Todos como cristianos, estamos llamados a dar nacimiento a Jesús en nuestro interior. La maternidad de María la podemos tomar como analogía para lograr nuestro objetivo espiritual: Jesús nace y crece en el corazón receptivo de cada ser humano, concebido por el poder del Espíritu. Además, la apertura y simplicidad de María que el Evangelio reconoce como su ´pureza de corazón´, es necesaria para que tenga lugar ese nacimiento en nuestro corazón (Main, John. Community of Love, Darton, Longman and Todd, 1990).

¿Recuerdan que hemos venido revisando juntos que el secreto de la meditación es permanecer relajados y alertas, silenciosos y simples?

Comprenderemos a través del ejemplo que María nos dio con su vida, también con San Pablo y sus cartas a los Colosenses lo que significa la meditación: vivir la esencia del cristianismo desde nuestra propia experiencia. Es decir, experimentando a través de Jesús presente en nuestro corazón, el amor de Dios-Padre.



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