Meditación en movimiento para manejar el estrés laboral

Meditación en movimiento para manejar el estrés laboral

El estrés es una respuesta fisiológica involuntaria del organismo para preparar al individuo en su reacción ante estímulos que ponen en peligro su estabilidad. De acuerdo con el cardiólogo argentino, especialista en medicina del estrés, López Rosetti, el estrés tiene dos formas de presentarse: el agudo y el crónico. Es el estrés crónico, el acumulado, el que produce enfermedades severas, porque provoca cambios psicológicos y fisiológicos, eleva la producción de la hormona cortisol y esa segregación continua daña al organismo.

Si el estrés es reiterado, las glándulas suprarrenales segregarán cortisol en gran cantidad, lo cual trae entre otras consecuencias la reducción de las capacidades de plasticidad de las sinapsis neuronales. Por lo tanto, se acelera el envejecimiento del organismo y se crea el cultivo propicio para la aparición de diversas enfermedades, entre otras: insomnio, dolores de cabeza, colon irritable, depresión, ansiedad, enfermedades coronarias, hasta la aparición de algún tipo de cáncer. El estrés suele presentarse en tres etapas: a) alarma, b) resistencia y c) agotamiento. Cuando se llega a la etapa de agotamiento ya la persona presenta signos latentes de alguna enfermedad.

La pregunta es: ¿quieres como trabajador con altos niveles de estrés llegar a la etapa de agotamiento, en la cual la enfermedad ya ha aparecido y el proceso de curación puede ser muy lento, costoso, complicado, y a veces no exitoso? ¿O por el contrario, consideras que puedes tomar la decisión de aprender a manejar los niveles de estrés y continuar siendo altamente productivo?

El cuerpo va enviado mensajes en síntomas, es su manera de comunicarnos que algo no está bien en nuestro organismo y que se puede poner peor. ¿Qué podemos hacer? Podemos ser previsivos, es decir, no llegar a la etapa de agotamiento y aun allí hablarle al cuerpo otro lenguaje. Y este es el de la ecuanimidad, de la quietud, dejar de ser reactivos y generadores de estrés, para ser proactivos y generadores de bienestar biopsicosocial.

Hoy en día existen diversas formas terapéuticas que conducen al eficiente manejo del estrés, y, por consiguiente, a promover una mejoría en estados como la falta de concentración, la irritabilidad, y la ansiedad, por ejemplo. En esta oportunidad mi propuesta se centra en la práctica de un arte interior milenario, asociado a la cultura oriental, y también practicado en nuestra propia cultura occidental por nuestros ancestros: la meditación.

Los beneficios de la meditación en nuestro cuerpo y mente ya han sido ampliamente comprobados en recientes estudios de la neurociencia. La literatura al respecto es profusa, en términos generales sostiene que las regiones del cerebro participantes en la atención (lóbulo frontal) y las emociones (sistema límbico) son afectadas de manera favorable con la práctica continua de la meditación.

La meditación puede realizarse en la quietud de una posición cómoda, aunque no tan cómoda, para no producir somnolencia, o puede ser realizada en movimiento, como cuando hacemos chi kung, o tai chi. Cualquiera sea la manera que nos resulte más apropiada estimulará procesos cerebrales que contribuyen a generar mayor neuroplasticidad.

Cuando desarrollamos el hábito de meditar frecuentemente, nuestra percepción de lo que nos acontece y nuestra actitud con respecto a cómo vivimos nuestro día a día se va transformando de la misma manera que nuestras rutas cerebrales se renuevan con mayor flexibilidad. También nos hace ser más productivos, más resilientes y más felices.

Meditar en movimiento nos permite:

 Ser más flexibles tanto en nuestro cerebro como en nuestro cuerpo y, por consiguiente, en relación con nuestra conexión con el mundo.
 Vaciar nuestra mente de preocupaciones y ser más ágil mental y físicamente.
 Regular constante y delicadamente la respiración.
 Aquietar la mente y ser más sano.
 Buscar la calma dentro del movimiento.

Imagen de Benjamin Balazs en Pixabay



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