Meditación para la vida cotidiana

Meditación para la vida cotidiana

Meditar es separarnos de lo que percibimos real, por un instante, para entrar en un espacio interior que no puede ser definido. Es más una experiencia de sensaciones que de imágenes. A veces, la mente cuela alguna de sus imágenes –recuerdos, especulaciones– y la conciencia capta otras que son más elevadas –colores, formas– pero ninguna de ellas puede distraernos.

Lo que hacemos al meditar es atestiguar. Observar sin juicio. Hacer un paso atrás y ubicarnos donde lo veamos pasar todo. Con suficiente distancia para dejarlo pasar.

Atestiguamos. Estamos presentes sin involucrarnos. Observamos los pensamientos. Cuando nos tentemos a dejarnos llevar por ellos, tengamos presente que «es solo un pensamiento», sin interferir en su paso. Ya sea que veamos imágenes de lo que tememos o luces multicolores en forma angelical. Solo dejémoslas pasar.

Eso es meditar.

La respiración será de gran ayuda porque nos permitirá no mezclar nuestra energía con lo que estamos percibiendo. Cuando algo nos tiente a llevarse nuestra atención, respiremos. Y sigamos respirando hasta ubicarnos otra vez en ese espacio donde somos solo observadores. Donde podemos observar el caos, pero no somos parte de él.

Y también observemos las emociones. Lo que sentimos, dónde lo sentimos. Y dejarnos sentir. Sabiendo que es solo una sensación en nuestro cuerpo. Observemos el cuerpo y lo que siente sin involucrarnos. Observemos las emociones y tengamos presente que es «solamente una emoción que mi cuerpo está sintiendo». Ya sea ira o alegría, no nos detengamos en ninguna de éstas.

Poco a poco lograremos entrar en ese espacio de observación con facilidad. Mientras tanto, para enfocarnos podemos visualizar un punto. Puede ser un punto como tal, un punto redondo que podemos visualizar hasta que nos resulte cómodo ver pasar, tras él, las imágenes y las emociones. Pero en algún momento también debemos dejar ir ese punto hasta que todo pase, todo siga. Que nada nos distraiga hasta llegar a tener un segundo de conexión, el segundo más buscado y el que tanto nos cuesta encontrar.



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