Meditando sobre meditar

Meditando sobre meditar

En días pasados le comentaba a una amiga, sabia y experimentada en meditación, mi dificultad en crear una rutina para meditar.

Sucede que paso una semana completa meditando a la misma hora y en el mismo lugar, pero a la semana siguiente traiciono mis intenciones, quizás porque deseo dormir un poco más (suelo meditar en las madrugadas) o porque mi mente está enfocada en otra actividad que le resta importancia a mi práctica.

Mi amiga me comenta que quizás le esté dedicando más tiempo de lo que necesito y que por ahora sólo diez minutos al día son suficientes. Lo que pasa, continúa, «es que quieres involucrar tus meditaciones como parte de tus múltiples actividades cotidianas y la cosa no funciona así».

Mi amiga tiene razón: la meditación no se apura, solo se practica con conciencia.

De todas maneras seguí investigando, y conseguí una serie de sugerencias muy simpáticas que aunque no sea la meditación «per se» nos ayudan a abrir nuestra mente hacia la concentración, vía fundamental para meditar. He aquí alguna de ellas.

Cocinar: al final de un largo día de trabajo disponerse a meditar nos puede llevar al sueño más que a elevarnos a una situación de conciencia máxima. Según la escritora Debra Moffitt, autora de «Awake in the world: 108 Practices to Live a Divinely Inspires Life», cocinar y llevar tu creatividad a la cocina puede llevarte a un estado de concentración absoluto, al tiempo que transmites buena vibra a los alimentos que preparas. Cocinar es una tarea divertida y súper beneficiosa que estimula tu mente en vez de fatigarla.

Música: escoge una música que te guste —preferiblemente instrumental— y concéntrate en escuchar cada uno de los instrumentos en la pieza. Esta es una practica de meditación absoluta al tiempo que descansa nuestra mente.

Soñar despierto: este es el momento de retomar aquellos sueños que nos hacían volar la imaginación cuando éramos niños. Soñar despiertos nos vuelve creativos. Así que la próxima vez que nos sintamos fuera de onda, despertemos nuestra imaginación y llevemos a nuestra mente hacia un camino de colores donde nuestro espíritu pueda nutrirse.

Bailar: esta es una de las prácticas más simpáticas. Bailar, dar vueltas y elevarse al ritmo de la música le da espacio a nuestra mente y alegría a nuestra alma. Bailar puede llegar a crear un espacio de armonía total en nuestro interior.

Estas maravillosas recomendaciones hacen que me reconcilie con mi meditación y me motiva a intentarlo de nuevo. Le doy la bienvenida entonces a todas las acciones que faciliten la relación conmigo misma.

¡Al fin y al cabo bailar y cocinar son dos cosas que me encantan!



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