¿Quién dijo que no se puede meditar en la ciudad?

Cada vez es más difícil encontrar tiempo para meditar. Después del trabajo, las actividades muchas veces se multiplican en casa: preparar la comida para el día siguiente, el cuidado de la familia y de la casa, trabajos secundarios en algunos casos; es difícil, por ende, no predisponerse a veces. Sin embargo, de entrada, tratemos de eliminar esa predisposición y veamos que sí es posible.

No hay nada más sencillo que empezar, sin necesidad de un gurú, viviendo en la ciudad. Si te interesa haz clic aquí. Nuestro templo es nuestra mente y debemos despejarla para empezar a sacar aquello que hemos decidido que sobra.

Limpiar el cuarto. Aligerar la carga. Calmar la mente.

Es tan sencillo como los siguientes pasos que te proponemos:

  1. Cierra los ojos, en un espacio que encuentres cómodo.
  2. Concéntrate en tu respiración, y en nada más.
  3. Cuenta del 100 al 1, lentamente. Si puedes, tarda dos segundos entre número y número.

Y listo. Si logras concentrarte en esa sencilla actividad, tendrás un buen comienzo (Mejor pensar en eso que pensar en los ‘miles’ de problemas, ¿no?). Y esto, como decimos, es el comienzo. Si quieres profundizar un poco más, puedes visitar este enlace.

Poco a poco te irás deshaciendo de esa malsana costumbre de poner el ojo en el malestar, la falla propia o ajena. Además, el tiempo que inviertes en navegar en internet o ver cualquier programa de televisión, será mejor invertido que en cualquier otra cosa: tu bienestar.

No sólo ganarás espacio útil en tu mente (menos ‘estrés’, menos ‘no’, menos ‘problemas’) sino que, intuitivamente, al sentirte cada vez mejor, empezarás a llenarlo con actividades, ideas o pensamientos más ligeros, divertidos, útiles: más sanos y agradables.

Si te interesa aprender a meditar, acá tienes una excelente herramienta: en este enlace podrás empezar ahora mismo. ¡Es muy fácil y productivo!



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