¿Meditar yo?

«La meditación es una estado de no-hacer, es un estado de total pasividad. Es un estado del ser: un simple SER… y DISFRUTAR ese simple hecho de ser. Entonces algo empieza a suceder interiormente —sin que tú tengas que hacer nada». Osho.

 

Confieso que si años atrás me hablaban de meditación, lo primero que me venía a la cabeza era una batola blanca, la posición de loto y el sonido om (con la m bien larga). Cuando la vida me puso en situaciones un poquito complicadas y la única manera de superarlas fue voltear la mirada hacia mí misma y a lo que yo podía hacer por remediarlas, empecé a conocer un poquito más sobre la meditación.

Lo básico, eso sí. No soy conocedora de grandes técnicas, ni de movimientos alternativos, ni conozco de cerca el nirvana. Simplemente decido tomarme unos minutos fuera de la lista de cosas «por hacer» que siempre parece estar llena, y me siento tranquila, comienzo a hacerme consciente de mi respiración (a la que nunca prestamos atención) y trato de desconectarme. ¿Es fácil? Al principio no, como todo en la vida. No es fácil porque el tren de pensamientos en nuestra cabeza no para nunca, y el problema no es únicamente que no pare, sino que nos empeñamos en prestarle atención a cada vagón de ese tren y pararnos a husmear en cada uno de ellos… aunque no tengan nada bueno para nosotros.

No es cuestión de poner la mente en blanco. No dudo que los grandes meditadores lo logren, pero para el común de los mortales no es tan fácil. La idea es que dejes pasar los vagones de ese tren. Sabes que están ahí, pero no te enfocas en ellos. Puedes prestar atención al espacio entre los vagones, pero a ellos y a su carga los dejas pasar de largo. Esto me hace recordar que desde que nací hasta los veintiún años viví muy cerca del aeropuerto. El ruido obviamente era constante, pero no era algo que marcara mi vida. Caía en la cuenta del ruido cuando alguien visitaba mi casa y al llegar un avión, decía: «guao, qué ruido». Eran los únicos momentos en que me hacía consciente de él… y por supuesto, me empezaba a molestar.

Dice Osho que cuando practicamos la meditación, los pensamientos «…poco a poco, se desvanecen; te conviertes en un mero observador, no te identificas con tu pensamiento, te mantienes a un lado observando, como si estuvieras frente a la carretera viendo pasar el tráfico».

Tómate, entonces, unos minutos para no-hacer, como dice Osho. Eso es meditar: no hacer, solo ser. Solo respirar. Salir un rato de ese hacer constante que hemos convertido en justificación de nuestra existencia. Solo siéntate en silencio, cierra los ojos y mira hacia adentro. Es un primer paso. Luego puedes profundizar y buscar más información sobre el tema.

Al meditar consigues paz, sosiego, claridad, haces más caso a tu intuición, entras en un espacio de tranquilidad… y esa es la energía que irradias y llega a todo lo que te rodea. ¿Te imaginas si todos decidiéramos meditar y emanáramos esa energía de paz a nuestro alrededor? ¿Te imaginas como sería si salpicáramos de paz, de calma y sosiego a nuestra familia, nuestros vecinos, nuestra ciudad, nuestro país, nuestro planeta? Bonito ¿no?

Algo así es lo que queremos hacer el proximo 30 de abril cuando se realizará la Meditación por Venezuela. Sin distingo de credos o ideologías dedicaremos ese día a meditar enfocándonos en la paz para Venezuela. No importa si nunca lo has hecho, lo importante es decidirte a comenzar y qué mejor que hacerlo con una intención tan poderosa como esta. Acércate a cualquiera de los puntos en los que se estará realizando esta meditación. Lo peor que puede pasar es que te quede gustando y hagas de la meditación una parte importante de tu rutina diaria.

Si quieres más información puedes visitar a @meditadoresdevenezuela y @meditanzoategui en Instagram.



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