¿Mejor malo conocido que bueno por conocer?

¿Mejor malo conocido que bueno por conocer?

La vida es un constante cambio: Llueve, escampa, truena, brilla el sol, la luna muta, lo hacen las plantas y los animales, la marea, se altera nuestro estado anímico, todo sube y también baja.

Si nos cerramos y preferimos la parálisis es como si le volteáramos el rostro al inevitable avance.

Al interactuar con una persona nos podemos dar cuenta de qué tan abierta o cerrada es por su valoración de las opciones y diferentes alternativas, las que siempre están a nuestro alrededor. Por ejemplo, los cerrados suelen tener un “no” en la punta de la lengua y son inflexibles: “Yo jamás salgo después de las 7”. “A mí nadie me saca de mi casa un domingo”. “Yo soy así, y punto”. Por eso, a veces amargan a quienes los rodean, que se cansan de esperar iniciativas positivas de ellos.

Si el hombre a lo largo de la historia se hubiera opuesto a los cambios no habría evolucionado. Ciertamente, los cambios suelen hacernos sentir inseguros. Las variaciones ocasionan turbulencias: el matrimonio, el divorcio, partir de casa o que lo hagan nuestros familiares, la muerte misma; todo puede causarnos miedo, y la solución es afrontarlo.

Dicen que “la mente es como un paracaídas, sólo funciona cuando está abierta”. Sin embargo, muchos tienen un comportamiento semejante al de las avestruces, cuando algo les parece demasiado extraño, prefieren meter la cabeza dentro del hueco. Hay que sacar la cabeza y meterla más bien en las novedades… para entenderlas.

La propuesta

Con este panorama, un buen plan es incentivarnos a aceptar con afabilidad que lo único constante que hay en esta vida es el cambio. Nosotros mismos estamos cambiando molecularmente en cada instante.

La mejor forma de enfrentar la vida es con dinamismo.

Hay que cuestionar las reglas, pensarlas. No es recomendable encasillarse en principios obsoletos.

La flexibilidad es una gran ventaja en esta vida.

Diálogo modelo

Abierto: ¿Quieres ir a comer en el restaurante de la esquina conmigo y mi amigo Pablo?

Cerrado: No, no tengo plata.

A:  Yo te invito.

C: No, tú sabes bien que a mí no me gusta que me estén invitando. Jamás he dejado que alguien pague por mi comida, lo hicieron sólo mis padres y ellos me enseñaron a no estar pidiendo, y además, no quiero ir porque con tus amigos no puedo hablar, Pablo no trabaja ni estudia.

A: Bueno, tranquilo, tú no me estás pidiendo nada, soy yo quien te ofrece, y a Pablo lo estás prejuzgando. Te aseguro que tiene mucho de qué hablar

C: No lo discrimino, pero me siento incómodo, será porque le llevo varios años.

A: Pero hay muchas personas que son pequeñas de edad y grandes de pensamientos. Por ejemplo, en la frontera los niños parecen adultos.

C: Igualmente no me voy a relacionar con tus amigos porque no deseo hacerlo.

A: Bueno, vayamos a caminar un poco y me acompañas un poco camino al restaurante.

C: ¿A ver si nos atracan por allí? Ni a palos. Hay mucha inseguridad, para mí lo mejor es quedarse en casa, en lugar de estar buscando lo que no se te ha perdido en la calle. Es más, chao me voy a dormir.A: Bueno, vayamos a caminar un poco y me acompañas un poco camino al restaurante.

A: Pero, por favor, abre un poco tu mente.

C: Vamos a dejar esto así porque no me quiero ir a la cama tras una discusión.

Zeus y la tortuga de Esopo

Para celebrar sus bodas, Zeus invitó a todos los animales. Sólo faltó la tortuga. Intrigado por su ausencia, le preguntó al día siguiente:

– ¿Cómo solamente tú, entre todos los animales, no viniste a mi festín?

– ¡Hogar familiar, hogar ideal!- respondió la tortuga.

Zeus, indignado contra ella, la condenó a llevar eternamente la casa a cuestas.

Moraleja: No nos encerremos en nuestro pequeño mundo. Ampliemos nuestro horizonte compartiendo sanamente con nuestro alrededor.

Otros pensadores han hablado sobre el cambio también:

“¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. H. G. Wells (escritor británico)

“Nadie se baña dos veces en el mismo río” Heráclito (filósofo friego)

“Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios”. Confucio (filósofo chino)



Deja tus comentarios aquí: