Mi amiga del tren

Me encanta viajar en tren, es una experiencia interesante. Por la ventana puedes observar de todo: nubes, árboles, carros, tiendas, edificios, colores, y en ese espacio de análisis y reflexión se asoman sin pedir permiso una gran cantidad de pensamientos. Una de las cosas que se me cruza por la mente es que nuestra vida pasa rápido, muy rápido, quizás inclusive a la misma velocidad del tren… y a veces no la disfrutamos lo suficiente, por estar muy preocupados en que el motor del tren no se pare.

Mi reflexión continúa y pienso lo siguiente: «una palabra mal dicha, fuera de lugar o inclusive por no haber desahogado la rabia y la frustración de ciertas situaciones a tiempo puede acabar con una bonita amistad, y hasta ser una de las causantes del quiebre de una relación de pareja». Lo que no se dice a tiempo genera rencor, incomodidad, y me digo a mí misma: ¿cuántas veces nos callamos y posponemos nuestro sentir hacia alguien que queremos y luego en un momento poco adecuado aparecen palabras que hieren y que luego es casi imposible recoger los pedazos rotos?

Sigo viendo por la ventana y comienzo una conversación muy agradable con una señora que se sentó a mi lado, casualmente venezolana. Comenzamos la conversación sobre las respectivas ocupaciones laborales y luego de describir lo que hago, life & divorce coach, inevitablemente entramos en el tema de pareja. Me contaba que su marido (a quien quiere muchísimo) es una persona negativa y de muy mal carácter.

Me decía que estaba viviendo temporalmente en Estados Unidos apoyando a su hija con algunos asuntos. Su esposo se encontraba en Venezuela y ambos estaban viviendo lo que ella llama «una etapa de transición». A pesar de estar lejos de él, me confesaba que no sentía su falta, más bien se sentía feliz y tranquila ya que no tenía que lidiar con esa «negatividad diaria» que según ella, la tenían agotada. Me decía: «me siento egoísta porque me siento bien así, sola».

El punto que quiero destacar es que las parejas evolucionan distinto. Como individuos, algunos evolucionamos y otros lamentablemente, parece que «involucionan»; algunos aprendemos a vivir la vida siendo felices con lo que nos toca; sin embargo, otros se queda estancados, actuando de la misma manera como han venido comportándose por los últimos 15 o 20 años con la famosa excusa «es que yo soy así». ¡Qué excusa tan cómoda!, que los demás se aguanten nuestra negatividad, nuestros malos humores, maltratos y afines. Qué cómodo resulta quedarse en la zona de confort, aunque las señales que tengamos a nuestro alrededor nos pidan a gritos que cambiemos, como en el caso de esta nueva amiga, quien le ha pedido a su compañero hasta el cansancio que modifique ciertas actitudes, y él decidió no hacerlo, con la consecuencia de agotar la relación emocionalmente, es decir, la gente se cansa de tanto soportar. Mi reflexión final:

¿De qué se queja mi pareja constantemente de mí? ¿Es esa queja legítima? ¿Qué hay allí para mí? Si me lo dicen con frecuencia, algo de verdad debe haber… ¿será que en realidad hay algo que yo pueda mejorar?

La gente sí cambia cuando realmente hay un deseo interno de hacerlo. No creo en cambios radicales, pero sí en mejoras significativas que nos pueden permitir vivir la vida y nuestras relaciones de una manera más agradable y llevadera.



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