Mi día del bistec

Ahora que estas vacaciones terminaron decidí cambiar la dieta. Durante los últimos 4 años, cada 20 de diciembre, abandonaba mi dieta pescetariana (vegetariano que come pescado en ocasiones) para disfrutar los platillos navideños. Comenzaba por el pan de jamón que preparo con la receta de mi padre, seguían las hallacas de mi mamá y ya para el año nuevo me acercaba al plato de pernil de cochino sin pensarlo dos veces.

carneLuego, cada 5 de enero, las carnes desaparecían y todo volvía a la normalidad. Granos, vegetales, frutas, nueces…

Pero esta vez fue diferente.

El pasado 22 de diciembre me senté con mis hijas y unos amigos en un restaurante argentino. Pensaba comer pasta, pero pedí una entraña, mi corte favorito en los tiempos que comía cuanto alimento caía en mi plato (he probado casi de todo en esta vida, incluyendo lo que luego me dijeron que había sido carne de perro. Eso ocurrió en Vietnam hace 20 años y confieso que estaba algo borracho, pero esa es otra historia) Apenas llegó el plato corté el bistec para descubrir que estaba como me gusta: sellado afuera y rojo en el centro.

En ese momento decidí que así como era un promotor de los Lunes sin Carne, también sería un practicante del Día del Bistec: un día de la semana en la que disfrutaría sin culpas o conflictos el plato que me provocara. Res, cerdo, aves, lo que fuera, mientras no fuera una especie prohibida, amenazada o de dudosa procedencia.

Imagino que a estas alturas mis colegas vegetarianos habrán arrugado la cara, y para ayudarlos en la mueca, les cuento que el domingo le preparé a mis hijas sus panquecas con tocineta. Y me comí varias. Tocinetas, claro está.

yogurt

¿Saben qué descubrí?

Que soy omnívoro por naturaleza y flexitariano por convicción. Que sigo creyendo en que una dieta donde los vegetales sean la prioridad es la mejor. Que el consumo de carne actual está generando un problema ambiental. Que la crueldad hacia los animales en la industria alimentaria es inaceptable y que la humanidad estaría mejor si dejara de lado la obsesión con la proteína animal.

Pero también descubrí que la parrilla argentina es deliciosa y las tocinetas son perfectas para un domingo. Por supuesto, la principal conclusión es que vivir significa manejar los impulsos, contradicciones y opciones que cargamos encima.

¿Entonces?

Nada. Que la vida es cambio, y que de pescetariano ahora seré flexitariano y mi lema será el de Michael Pollan: Come comida, no demasiado, mayormente vegetales.

O más sencillo. Come con la conciencia de lo que comes y escucha a tu cuerpo.

Y por ahora mi cuerpo me pide un centro de lomito a la parrilla para este sábado. El domingo será de yogurt con granola.



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