Mi diario de emociones positivas

Regresar a Venezuela, luego de estar dos años viviendo afuera, difícilmente ha significado para mí  “volver a casa”. Retorné a un país que no reconozco como mío. Me cuesta mucho aceptar las prácticas que se han tenido que implementar para sobrevivir.  Todo me resulta extraño. Me toca vivir literalmente un proceso de reinserción social para el que emocionalmente no estaba preparada. De allí que decidí ayudarme un poco y me inscribí en un Diplomado de Psicología Positiva.

No estaba muy clara sobre qué me esperaba al inscribirme, pero el objetivo del estudio prometía textualmente darme herramientas para detectar mis fortalezas personales, con el propósito de generar bienestar personal y colectivo. “¿Dígame dónde firmo, por favor?”, insistí. Y enseguida, me embarqué en este viaje para crecer personalmente.

Como parte de mis primeras asignaciones, me pidieron llevar un diario de emociones positivas. “¿Perdón?”. Sí, lo mismo pregunté yo. “¿Y eso cómo se come?”.  Sencillo. Existen diez emociones positivas, de acuerdo con el estudio de Bárbara Frederickson: alegría, gratitud, serenidad, interés, orgullo, esperanza, diversión, inspiración, admiración y amor. Por tanto, la tarea era  tomar conciencia de la presencia de estas emociones y anotarlas en una libreta durante una semana. Sí, al estilo de un emoji o un estado de Facebook. Pero no con un propósito social, sino personal.

El ejercicio resultó interesantísimo. Primero, porque enfocas tu mente a identificar cuál es la emoción que estás sintiendo, y eso te ayuda de alguna manera a concentrarte en lo positivo más que en lo negativo. Luego, cuando observas el balance de la semana comienzas a ver cuáles son las emociones que más experimentas y cuáles no aparecen registradas en tus apuntes. En mi caso, por ejemplo, el hecho de que la esperanza, la gratitud y la diversión hayan brillado por su ausencia supone una alerta para mí. Sin embargo, la presencia del amor (entendida como micromomentos de bienestar mutuo) y la alegría se han convertido en un bálsamo para mi alma.

¿De qué nos sirve tener conciencia de las emociones positivas? Las emociones positivas nos ayudan a tener estabilidad emocional. Cada emoción negativa debemos contrarrestarla con tres positivas. Por eso, necesitamos cultivarlas y ayudarlas a florecer. Las emociones positivas propician nuevas ideas y posibilidades de acción, abren la esperanza hacia el futuro y aumentan la persistencia. Eso según toda la teoría que he estado leyendo. Así que, por lo visto, mi asignación no termina con la entrega del diario. Esta tarea apenas comienza.



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