Mi experiencia en la Kumbha Mela

El 10 de marzo de 2013, después de 55 días de celebración ininterrumpida, finalizó la Kumbha Mela, el festival religioso-espiritual más multitudinario del mundo, a la vez que el más sagrado para el hinduismo. Gracias un proyecto de financiación colectiva, tuve la oportunidad de asistir al gran evento y permanecer en la India por dos semanas, en un viaje con fines periodísticos pero, sobre todo, espirituales.

Ahora estoy abocado a escribir un libro sobre la Kumbha Mela, un tema del que hay poca bibliografía en español, lo cual era uno de los objetivos del viaje. Sin embargo, detrás de la investigación y las estadísticas, lo más importante para mí es la experiencia de peregrinación que tuve al visitar un acontecimiento incomparable.

Según datos oficiales, alrededor de 100 millones de peregrinos asistieron a la Kumbha Mela 2013, en la ciudad de Allahabad, al norte de la India. Este lugar geográfico concreto tiene la particularidad de ser el punto de unión de tres de los ríos más sagrados de la India: Ganga (Ganges), Yamuna y el invisible Sarasvati. Las Escrituras hindúes afirman que bañarse en la confluencia de estas aguas (llamada sangam en hindi) purifica al devoto y puede incluso otorgarle liberación espiritual en vida. Es por esta razón que los devotos hindúes llegan de a millones, principalmente en los días más propicios, que son marcados por combinaciones astronómicas específicas, en las que destaca el rol del Sol, la Luna y Júpiter.

Naren_sangam

Estas jornadas auspiciosas para el baño son ocho, aunque hay una que se considera especialmente favorable y es la luna nueva del mes hindú de Magha, que este año cayó el 10 de febrero. Gracias a mi buen karma, yo estaba en la Kumbha Mela en esa fecha y, por tanto, pude sumergirme en las aguas del sangam, junto con los otros 30 millones de peregrinos que también lo hicieron ese día.

La tradición marca que el baño ritual debe ser tomado al alba, aunque con tantas personas es lógico que las orillas de los ríos estuvieran llenas todo el día. En mi caso, logré alquilar un bote para llegar al punto exacto donde se unen las corrientes de los ríos y allí realicé mi baño, a eso de las 7am. El frío matinal del invierno indio me había hecho dudar y la verdad es que pensé en esperar hasta la tarde, cuando el sol calentara las aguas. Sin embargo, mi fe y mi devoción se vieron acicateadas por la presencia de millones de devotos bañándose y entonces me di cuenta de que la mía era una oportunidad única.

Fue así como, vistiendo sólo un poco ortodoxo pantalón de fútbol, entregué tres cocos y tres flores a las ‘Madres’ que representan los ríos y me sumergí en sus removidas aguas con total entrega.

Quizás fue el perfecto sol naranja que se desperezaba ante mis ojos; quizás fue la vibración de millones de fieles compartiendo la misma alegría; o quizás fue el sacerdote brahmán que me exigía 500 rupias por los cocos, no lo sé, pero lo cierto es que cuando salí del agua ya no sentía frío. Es más, mi sensación era de felicidad y, como consecuencia, mi experiencia en la Kumbha Mela había cobrado total sentido.



Deja tus comentarios aquí: