Mi homenaje para ellas

La palabra mujer viene del latín mulier/mollis que significa “blanda”. Antiguamente era usada para resaltar la diferencia con el género masculino. Aquella idea ancestral y falsa de la “debilidad” de las mujeres, hasta hoy las perjudica, porque a mi juicio en algunos casos, ni siquiera la diferencia física existe.

La mujer ha transitado por siglos con antiguos dolores, en silencio, en ocasiones con rostro cubierto y las palmas de sus manos mirando al sol. En épocas fue vendida al mejor postor. Bruja, esclava, prostituta y presidenta, fue privada del alfabeto y obligada a quehaceres mucho más que los domésticos. Ha limpiado las migas y lavado la ropa. Ha sabido parir y es hija con idéntica pasión. Es amiga, esposa y compañera. En una misma melodía puede convertirse en confidente, gerente y escuchar con el alma. Sus infinitas ganas de vivir le han permitido regalar la belleza de su ternura como la sangre llega altruistamente al moribundo.

A través de ella conocí el mundo, fui alimentado de leche y de mil anécdotas y ha curado las heridas de mi cuerpo y de mi corazón.

Por todo lo que la mujer me ha regalado, honro en este espacio a mi madre, a mi hija, a mi esposa y a todas las que han dejado huellas en mi vida. Admiraré siempre su cadencia con el viento y la paciencia por la espera de su tiempo.

Solo, gracias.



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