Mi perro… mi guía

Pocas imágenes son tan bellas como la de un hombre que le confía su vida, sus pasos a su perro, su mejor amigo, su compañero de rutas…

Desde el siglo XVIII se conoce a los perros “lazarillo”, émulos de aquel muchacho de la novela de la picaresca española, Lazarillo de Tormes. Guías de invidentes que han  ayudado a sus dueños a incorporarse a una vida normalizada, venciendo obstáculos y sirviendo de ojos al amo que confía y con el que establece una relación de cercanía tan soberbia como la tarea que tienen por delante: proteger, orientar la marcha y acompañar los movimientos de su dueño.

Sin embargo, de aquellos perros lazarillo de entonces a los perros de servicio de hoy, media una gran distancia; personas con discapacidades múltiples no sólo visuales, sino motoras y auditivas son asistidas por perros especialmente adiestrados para cada una de estas áreas.

Aunque amamos a nuestros perros, no todos pueden ser elegidos ni adiestrados para estos fines; los perros de asistencia son seleccionados desde cachorros con técnicas muy precisas para despistar cualquier conducta previa inadecuada como sumisión, agresión, hiperactividad, porque deberán ser equilibrados y sortear toda clase de inconvenientes: ruidos molestos, aglomeraciones, corneteos, vehículos en marcha, etc. Más adelante, a eso de los 6 u 8 meses comienza el  proceso de aprendizaje formal. Los costos de un animal de servicio pueden oscilar entre 7 y 10 mil dólares, por lo que generalmente no pueden ser  vendidos sino adjudicados y el solicitante, la mayoría de las veces, debe esperar un largo período de hasta 3 años por el otorgamiento de uno de estos ejemplares.  Pero esos tres años valen la pena. El acompañamiento es tan benéfico, el sentido de utilidad recién adquirido, la independencia que se logra no tienen parangón

Lo interesante es que los obstáculos de la vida pueden ser solventados con mayor facilidad a través de la incorporación de un perro de ayuda que cierre y abra la puerta; que apague la luz, que avise si suena el teléfono; que tire de la portezuela de la nevera; que dé una señal cuando tocan el timbre, que levante algo que se ha caído al suelo porque no estamos en capacidad de hacerlo nosotros, traducido en pocas palabras: mejoran la calidad de vida y coadyuvan a la consecución de mayor autonomía. 

Que “el mejor amigo” del hombre cumpla este papel de apoyo físico, psicológico y emocional depende de que las legislaciones de los países lo permitan, que no haya restricciones para los perros de asistencia en restaurantes, sistemas de transporte colectivo, colegios, clínicas, cines. Las personas discapacitadas necesitan a sus perros las 24 horas, debemos pues, colaborar con iniciativas ciudadanas para  difundir y elaborar campañas de no discriminación e inclusión de los discapacitados con ayuda canina.

 



Deja tus comentarios aquí: