Mi relación es ¿tóxica?

No es esta una adjetivación nueva pero se ha hecho más habitual en los últimos años en las redes sociales, programas de televisión y no es poca la literatura que podamos encontrar hablando del tema.

Una relación se define como tóxica cuando los episodios de infelicidad o desdicha superan los de alegría, paz y tranquilidad. Son relaciones infelices, nada convenientes y de poco futuro. Vale acotar que el término tóxico no se aplica únicamente en relaciones de pareja, también puede emplearse en relaciones de amistad e incluso familiares.

El problema se establece en el hecho de que la o las personas que sufren no se dan cuenta de ello en la mayoría de los casos, se mantienen enganchados y se les hace difícil, aunque nunca imposible, salir de ellas. Es lo usual de que solo se logra ver la inconveniencia de la relación una vez que se logra sobrepasarlas.

Partamos del hecho de que en toda relación, por más ideal que sea, siempre tiene momentos de desdicha, pero si hablamos en términos de balance, constituyen un porcentaje escaso en relación a todos aquellos momentos en donde las personas involucradas se sienten felices y con un alto nivel de afectividad y comprensión. Son relaciones de ganar-ganar y no de ganar-perder o perder-perder como suele suceder en las relaciones tóxicas.

Es muy frecuente en una relación tóxica sentirse atrapado y no encontrar la manera efectiva de salir de ella. Son relaciones con un alto contenido de chantaje, manipulación y de bajos niveles de comunicación. Acá solo uno es la quien toma el control, las riendas de la relación e incluso de la vida de la otra persona. Son relaciones en la que todas nuestras acciones necesitan la aprobación del otro, nos hacemos co dependientes, nos dedicamos a hacer sentir bien a la otra persona dejando a un lado nuestras necesidades. Esto lleva al resentimiento.

Son relaciones en donde el perdón no existe, la comunicación es hostil o agresiva, el chantaje emocional siempre está presente y no hay intenciones de reparar la confianza. La propensión a caer en una relación tóxica es alta cuando tenemos problemas de autoestima, nos creemos salvadores y capaces de mejorar a la otra persona, el miedo a la soledad, a la necesidad de cariño, al aburrimiento o ceder a la presión social de que debemos, casi de manera obligatoria, cumplir los roles de esposa/esposo, de padres, viendo esto como el fin sin hacer buena elección de la pareja a quien escogemos.

Ahora ¿qué se puede hacer al respecto? No olvidemos que una relación de pareja es un complemento saludable de la existencia para vivir igual de bien o mejor que cuando estamos solos. Tener siempre claro que eres tú quien debes decidir sobre tu propia vida siempre respetando a la persona con quien vives, no dejarse ni invadir el espacio de la otra persona, no tratarse como que eres o es la otra persona una propiedad, no aceptar el maltrato ni verbal, ni físico por más que quieras a esa persona. Finalmente el amor no es sufrimiento, es sentirse bien tratado y crecer juntos. Equivocarnos es una manera de crecer, pero debemos identificar en qué momento en una relación son más los momentos infelices que los felices para reconstruir o simplemente salir de ella.

Por último, cuando sientas que en alguna relación de tu vida no hay bienestar, no dudes en acudir a un psicólogo para que te aporte las herramientas que necesitas para recuperarlo.



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