Mientras manejas

Mientras manejaba

Esta mañana iba manejando muy tranquila y relajada. Había salido con mucha anticipación, disfrutando de esa hora tan particular, de la vista del mar, la gente trotando, los animalitos paseando, la leve brisa que entraba por mi ventana abierta. De pronto, en una calle que tiene un puente levadizo que termina en una sola vía, una camioneta que iba a mi derecha, sin poner luz de cruce, acelera, se adelanta y bloquea mi camino.

¿Qué sentí en ese momento? Mientras se me adelantaba el carro, sentí impotencia, rabia, viví la injusticia, se me aceleró el pulso y la respiración. Reaccioné inmediatamente, me ubiqué en el asiento dentro de mi carro, me dije que no tenía prisa, que no necesitaba apurarme. Revisé lo que sentía. Repasé las repercusiones que tenía en mi cuerpo. Automáticamente se diluyó la negatividad, se perdió el contacto con el conductor que me conmocionó, me adueñé del momento, y fui quien decidió qué ambiente habría en el interior de mi medio de transporte. Recogí la energía que había escapado al dejarme robar por algo que pasaba afuera de mí.

Te propongo que aproveches el tiempo que pasas manejando para trabajar contigo. Es una forma muy beneficiosa de utilizarlo. En los semáforos, observa edificios, árboles, el cielo. Busca lo bello a tu alrededor. Si pasa algo que te altera, sé espectador, apártate del hecho y observa desde afuera. Revisa qué emociones aparecen y qué sientes en tu cuerpo. Suelta lo que pasó. Déjate fluir. Disfruta tu entorno. Sopesa la verdadera dimensión de lo ocurrido. Al final del día, si haces esto con las circunstancias que has vivido, podrás verificar los beneficios que obtienes y el aporte positivo que regalas a nuestra casa grande.

Mira cómo disfruta Porter al volante.



Deja tus comentarios aquí: