Mientras tanto

A veces es difícil mirar hacia adelante cuando el aquí y el ahora se presentan llenos de conflictos. ¿Cómo lograr la calma antes de dormir si sabemos que la deuda con el banco crece y crece? Saber que la salud anda mal; presenciar que un emprendimiento en el que invertimos dinero y energías se derrumba; una relación de largo plazo (y con hijos) se termina; presenciar cómo los demás nos dicen que todo va a estar bien… Pero y ¿mientras tanto? ¿Cómo mantener la calma? ¿La fe? ¿Cómo no derrumbarnos?

Pues bien, lo que quizás muchos detestan oír: va a pasar. Vivir momentos de desamparo puede ser algo muy difícil, pero también una oportunidad para crecer: se supone que perdimos todo y, solos, no tenemos más opción que mirar hacia adentro y aprovechar para reconstruirnos.

Reconstruir la fortaleza, la esperanza, la capacidad de reflexionar, de perdonar. Es muy sencillo mirar alrededor, verlo todo mal, y querer echarse a morir. El amor, sin embargo, es una herramienta poderosa y transformadora. ¿Qué hacer entonces? Aprender a quererte. Eso es lo primero y más importante. Si logras estar en paz contigo mismo, estarás en paz con los demás y encontrarás así la fortaleza para resistir y hasta encontrar más salidas ante lo que te atrapa en el malestar. Resistir y, mientras tanto, trabajar en ti.

Crea un ritual de amor hacia ti mismo. Por ejemplo: masajea tus pies y (lejos de la televisión y de las redes sociales) agradéceles por llevarte a donde te llevan. Así tus manos, tu cuerpo. Muchas veces lo damos todo por sentado, y nada más alejado de lo correcto. Aprende a recordar que estás vivo, que tendemos al envejecimiento, y que la ansiedad y el estrés aceleran esos procesos. Vigila tu alimentación, tus posturas. Empieza a meditar.

No te compares. Si te encuentras abatido, será muy fácil mirar alrededor y encontrar personas felices o “estables” con las que compararte. Eso hará muy fácil también que te estanques. Pon esos pensamientos en el basurero, por decirlo de alguna manera. Espántalos como moscas. No te sirven para nada.

Todos somos buenos en algo. Búscalo, o encuéntralo de nuevo. Practicarlo te hará sentir bien, y empezará a generar esas endorfinas que le harán frente a la depresión. Bien sea cocinar, correr, bailar; si te gusta, debes aprovecharlo. Quién sabe si, incluso, se abra un nuevo portal por el cual encaminar tus pasos.

Dejar ir, soltar. Míralo como un músculo que hay que entrenar. Ejemplo: te dejó tu pareja y padre de tus hijos. Mira a tu alrededor: esa persona ya no está, entonces, ¿para qué hacerlo receptáculo de tus energías? Quienes sí estén presencialmente a tu alrededor (tus hijos) serán los que se llenen de rabia o dolor. Y esos son nuevos problemas que no queremos recibir. Llena tu espacio físico de música, escribe frases que te inspiren y pégalas en la nevera, en las paredes, en el baño, que te ayuden a salir adelante.

Volvamos a la meditación. Ya se ha dicho mucho, y es menester recalcar sus beneficios. Imagina que día a día te visite a cada momento un torrente de pensamientos negativos, que se queda en tu cabeza como una licuadora, dando vueltas y arrasando con tu tranquilidad. Imagina ahora una práctica en la que a través de algo tan sencillo como la respiración, esos pensamientos entren en tu cabeza, den si acaso una vueltica, y vuelvan a salir. Los viste, sabes que existen, y dejaste que salieran. Eso es la meditación, y es un canal energético que te hará estar más concentrado y atento a lo que verdaderamente importa: la acción en el cambio hacia tu bienestar.

Así, tal vez descubras que el “mientras tanto” puede ser, de hecho, placentero.



Deja tus comentarios aquí: