Mindfulness, el difícil arte de dejar pasar

MINDFULNESS, EL DIFÍCIL ARTE DE DEJAR PASAR

Un día otoñal del año pasado me invadieron decenas de mensajes por las redes y mails a mi casilla. En una página de Facebook de chistes y curiosidades urbanas que reproduce frases “oídas al pasar”, aparecía una referencia al mindfulness. Todos mis contactos pensaron que me interesaría.

Una mujer le había dicho a la otra que tenía muchos problemas y los enumeraba, pero su compañera la detenía y le aconsejaba, muy segura de sí misma: “tenés que probar con el mindfulness, una vez que lo hacés, todo te chupa un h…”.

Las menciones, chascarrillos y demás se multiplicaron y por un momento no supe si reír o maldecir: se estaba desprestigiando un práctica tan profunda y eficaz como la de la atención plena. Se la asimilaba a la experiencia de dar vuelta la cara y mirar hacia otro lado. No pude más que pensar que, aunque en broma, muchos creen que se trata de eso.

Lo que no es “dejar pasar”

Primero lo primero: ¿qué no es “dejar pasar”? Pues no es:

  • Disimular la realidad y hacer la vista gorda.
  • Negarla mirando hacia otro lado o tapándola.
  • Evitar entrar en situaciones de compromiso, dificultad o sensibilidad social.
  • Olvidar rápida (¿amnésicamente?) y contundentemente aquellas cosas que nos duelen.

Si la práctica del mindfulness fuera eso, los narcisistas, impulsivos y egocéntricos en general estarían de parabienes. Serían expertos en la atención plena, al fin y al cabo la única realidad que les interesa es la que ellos construyen, la de sí mismos.

Dejar pasar no puede estar asociado a negligencia, falta de interés, apatía o desatención, porque esta actitud huele más a no poder tomar un rol activo y mirar con visión esclarecedora lo que está ocurriendo en el momento presente, sin importar la dimensión de lo que nos toca vivir.

Lo que sí es “dejar pasar”

Por el contrario, el dejar pasar hace referencia a otras cualidades muy valiosas que entrenamos en la práctica del mindfulness: la observación atenta de los procesos y el permitir que algunas cosas (o fenómenos) se desplieguen, ocurran sin más sin nuestra intervención, la paciencia para no arremeter contra aquello que necesita tiempo para madurar, el silencio contemplativo, la confianza en nosotros mismos y una dosis importante de humildad. No todo puede controlarse.

Tomemos un ejemplo que pone en evidencia las cualidades enumeradas. Supongamos que tengo un niño algo difícil de manejar que suele padecer rabietas en cumpleaños o reuniones familiares. Cuando se hace presente uno de esos ataques que lo caracterizan, puedo intentar observar con paciencia y actitud contemplativa, mientras me acerco, qué la originó y cuál es la ganancia que él está buscando: ¿sólo descargarse, conseguir algún tipo de recompensa, llamar la atención? Como yo lo conozco, y conozco el proceso de esa rabieta, puedo discernir si es mejor dejarlo un rato llorar y hacer ruido o intervenir. Y si intervengo, de acuerdo al tipo de rabieta que sea, puedo escoger ser más persuasivo o un poco más firme. Para ello tengo que confiar en mis habilidades parentales y en que mi hijo puede autorregular su estado de enojo con la ayuda apropiada. Como no estoy tan pendiente de la opinión de los demás (“no sabe criar a su hijo, lo deja hacer lo que quiere”), aunque pretendo no hacerles pasar un mal momento, elijo la mejor forma de actuar y dejar pasar aquello que no es tan importante (algunos gritos, llantos) en pos de ayudarlo a restablecer el equilibrio emocional. Quizás me arrodille, le hable para hacerle sentir mi presencia, y evalúe sobre la marcha el mejor camino. Esto no excluye el alzarlo y retirarlo de la reunión si su rabieta se cronifica y no puede calmarse.

Este pequeño ejemplo demuestra las cualidades de quien sabe dejar pasar, tamizar lo que no puede modificar, pero ponerse en movimiento sobre aquello que sí puede cambiar.

En nuestra vida hay muchas cosas que debemos dejar pasar, pero siempre manteniendo una mente en foco, compasiva y comprometida, que no se esconde tras una desensibilizada y hermética coraza del mundo que nos toca caminar.



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