Mira más allá de lo que ves

Mira más allá de lo que ves

¿Qué haces cuando todo va bien y tu vida fluye sin contratiempos? Seguro disfrutas a manos llenas. Pero ¿qué pasa cuando vives desafíos? ¿Cuál es tu interpretación de las dificultades? En mi experiencia como terapeuta y conferencista, pero sobre todo como persona que vive desafíos, sé que la forma como abordas lo que te ocurre puede jugar a favor o en contra del resultado. En este artículo, te invito a mirar más allá de lo que ves. Escribo esto para ayudarte a que no te dejes llevar por las apariencias, y así aprender de tus momentos difíciles.

Los desafíos tienen un propósito

Si revisas mis artículos o has estado en mis talleres, notarás que la palabra que uso para definir los momentos difíciles es desafío. Esta palabra para mí significa que me reta a superar algo. A diferencia de problema o dificultad, aunque sutil, me siento mejor cuando digo que enfrento un desafío, pues sé que puedo vencerlo, tengo con qué lograrlo. Sin embargo, cuando digo que un problema me agobia o tal dificultad es muy complicada, pareciera que estas me superan y no podré con ello.

También antes he comentado sobre mi idea de los momentos que vivimos. Creo que hay dos tipos de experiencias. Están las alegres, que son para disfrutarlas y sonreír. Y por otra parte los desafíos, que llegan para crecer, aprender y evolucionar. Si me compraras esta idea, creo que la manera de experimentar lo que te ocurre sería con aceptación.  Eso significa, ser feliz en los momentos de alegría (eso es fácil y natural). Y también aceptar un desafío buscando cuál es el aprendizaje o la oportunidad de crecimiento detrás de esa vivencia.

Esto no impide que sientas dolor, rabia o frustración cuando la vida no se presenta como tú quisieras. Estas son emociones tal vez incómodas, pero igual de válidas. Pero aprendemos a darle una mirada más profunda a nuestras experiencias.

Cuando tienes un desafío, ¿qué es lo que ves?

Cuando enfrentamos un reto, tendemos a decir que es mala suerte o que tal relación o evento nos hicieron esto. Para mí, esa interpretación nos pone en el rol de víctimas de las personas o circunstancias, y no como corresponsables sobre nuestra vida. El mayor problema cuando nos sentimos víctimas es que no hay mayor cosa que hacer, sino que padecer o resignarnos a eso que nos ha tocado.

Por el contrario, cuando asumes tu parte y te preguntas: ¿qué tengo que aprender de esto? o ¿cuál es mi contribución para este resultado?, solo entonces podrás hacer algo distinto. Así evitas en el futuro pasar por una situación similar. Esto no significa que te culpes, pues la culpa es solo pérdida de tiempo y energía. Pero sí que asumas que de alguna forma tú participaste en la situación para que diera ese resultado no satisfactorio. Por tanto, tú puedes cambiar esa contribución, y así generar una consecuencia que te guste más.

Una inteligencia infinita va moviendo los hilos de todo y todos

Me gusta ver a Dios o ese Ser Superior como un director de orquesta que guía nuestras vidas. Esto para que cumplamos el propósito que tenemos y aprendamos esas lecciones necesarias para nuestro crecimiento. Es más, creo que nuestra alma antes de venir elige los principales desafíos de acuerdo a la evolución que quiere lograr. Esto se acuerda con Dios, pero luego al llegar a la Tierra, lo olvidamos. Por supuesto que existe el libre albedrío, es decir que yo elijo si en esta oportunidad quiero o no aprender de lo que ocurre. Sin embargo Dios y nuestro espíritu van moviendo los hilos, acercándonos personas y eventos necesarios para cumplir con nuestra evolución.

Si nos comportamos como niños, sin mayor compresión de la vida, queremos sólo los momentos de disfrute. Incluso haciendo uso de ese libre albedrío, nos hacemos de la vista gorda a situaciones para seguir prolongando los buenos momentos. El tema es que Dios nos vuelve a dar una y otra vez oportunidades de aprendizaje, a veces mostrándonos la lección más fuerte y clara.

Tengo plena confianza en la sabiduría de ese ser supremo, por ello, cuando veo algo que no me gusta en mi vida, mi gran pregunta es ¿qué tengo que aprender de esto? La respuesta no siempre llega clara. A veces necesito silencio, quietud para conectar con esa parte sabia de mí que inequívocamente me mostrará el camino. En otras oportunidades, he tenido que recurrir a un terapeuta, quien ha podido ayudarme con mayor objetividad a superar el desafío.

En el caso del mundo, ¿puedes mirar más allá de lo que ves?

En Venezuela donde vivo, estamos en medio de
muchos desafíos, los momentos más complejos en mi opinión de la historia
moderna. Por otra parte, eventos complicados ocurren ahora en todo el mundo
producto de la pandemia. Pero además hay conflictos en muchos otros países,
Estados Unidos por sólo citar uno. El mundo está convulso, sin lugar a dudas.

Donde y como sea que te encuentres y para tu bien, deseo que tengas la valentía de interpretar lo que ves con otros ojos. Bendiciones para ti.

Imagen de StockSnap en Pixabay



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