Mirada Sistémica de las heridas de infancia

Mirada Sistémica de las heridas de infancia

El niño herido interno percibe el mundo que le rodea con frustración, ira, rabia, resentimientos, culpas, rechazo, miedos, culpas, desconfianza, nerviosismo, tristeza, ansiedad y depresión. ¿Qué te diría tu niño o niña interna si lo conectas hoy? Puedes pedirle que te escriba una carta expresando todo lo siente y piensa. Todos sentimos dolor para saber que estábamos heridos, y quienes han negado su dolor se han relegado a vivir mutilados de sentir. Toda herida es un recordatorio, toda herida te convierte en un buscador, ese buscador viene a mirar lo que ha sido ignorado de ese árbol familiar al que pertenece, ese sufrimiento innecesario que a sepultado la esencia de los que vinieron antes, que les llevo al olvido y al abandono de sí mismos. Nosotros necesitamos un contraste en nuestra vida, para saber que existe otra forma de vivir: sin haber probado lo amargo no sabríamos que existe algo dulce, sin haber experimentado la tristeza no lograríamos registrar la alegría. Todos los claroscuros nos muestran la posibilidad de algo más grande que se sale de la comprensión de nuestra lógica humana, que va al plano del alma, dónde todo tiene un propósito de haber sucedido. Solo cuando asumes que tienes una herida encuentras un potencial que desconocías, te conviertes en un buscador de luz, de la luz que te llevará a alumbrar tus sombras.

El dolor de la herida está al servicio de la vida, del crecimiento, de la evolución, de la madurez, del amor. Asumir ese dolor y comprometerte a sanar te lleva a una transformación interna que de otra forma hubiera sido imposible. El hilo que nos conecta a todos el amor incondicional.

¿Qué te está mostrando tu dolor?

Las infancias rotas, quebradas, heridas, se pueden percibir en la mirada de aquellos que viven en desesperanza, en frustración, en aquellos que han llevado una vida llena de resentimiento y culpa. Hay y existen infancias que están muy heridas, infancias que no han hablado, infancias llenas de dolor, infancias que no se vivieron, infancias abusadas, infancias violentas, infancias abandonadas, infancias humilladas, Sí. Existen cuerpos adultos de 50 años donde internamente habita un niño a la edad de 5 años. Mucho dolor es el protagonista de muchas infancias. El filtro del dolor de ese niño interno herido se teje con mecanismos de protección, se desarrollan actitudes que le dan una falsa seguridad para protegerse pero al final terminan saboteando sus relaciones, también utiliza mascaras para evitar volver a vivir las experiencias traumáticas que sucedieron. Cuando ese mismo dolor es crea y recrea, cuando se aprende a dar un espacio y expresarlo para comprenderlo, se convierte en un trampolín que impulsa a un gran crecimiento personal, a la madurez, a la independencia, a la realización. En la actualidad, existen distintas formas de trabajar el niño interior herido, lo esencial es permitirle un espacio donde pueda expresar su dolor, lo que siente y también lo que necesita, puedes apoyarte a través de visualización, meditación, contemplación o escritura terapéutica. ¿Conoces a tu niño/a interior? Y si te das la oportunidad conectar con tu Yo Niño y conocerle, escucharle y abrazarle. ¿Y si te responsabilizas de cuidarlo? Como Yo adulto quizá no estamos conscientes de que nuestro niño interior está herido. Y que esa infancia herida mora todavía en nosotros. Se hace necesario conocer esas partes que habitan internamente en tu corazón.

¿Te gustaría profundizar en la comprensión y sanación de las heridas de la infancia? La sanación desde el amor te da una vía o un camino de conexión con la tranquilidad y paz. Cuando eres consciente de por qué peleas con tu pareja, por qué hay desdicha, insatisfacción, desilusión, comienzas a comprender cómo se generan las conductas que conducen al fracaso. Comprenderlo da la oportunidad de abordar y cambiar estas situaciones, esas dinámicas y patrones. Descubrir el para qué has elegido una pareja y no otra, te permitirá tomar consciencia de la dinámica de tus elecciones y vínculos. Cuando experimentas este proceso de recordar tus vivencias infantiles, se da una liberación interior que provoca cambios profundos: dejas de relacionarte desde la carencia de amor. Dentro de cada uno de nosotros hay un niño que se manifiesta en las conductas infantiles que ese adulto muestra, como rabietas, exigencias, suponer, miedo al rechazo, al abandono, a la traición, escucharlo y darle un espacio para expresar su dolor hoy es tu responsabilidad.

Sanar tu niño interior te permite tomarlo de la mano y descubrir cómo tus conflictos de hoy son versiones actualizadas de un guión del pasado donde hay heridas sin cicatrizar y justificaciones para sufrir. Cuando el dolor de tu infancia no ha sido resuelto y emerge en tu adultez, puede provocar toda una serie de síntomas: culpa, vergüenza, depresión, autoestima baja, conductas autodestructivas que te alejan del amor y que sabotean tus relaciones. ¿Por qué escondemos ese niño interno herido? Porque no lo conocemos, porque conocerlo te llevaría a responsabilizarte de tu dolor (y la mayoría de personas temen hacerse responsables de sus vidas, es más cómodo vivir culpando y responsabilizando a otros miembros de tu Clan Familiar: padres, pareja, hijos, y ancestros.

¿Cómo nace la desvalorización? Pues, nace desde las carencias afectivas de la infancia, quien tuvo ausencia de amor de padres, falta amor y de apoyo de familia, atención, validación, aceptación, llega a la edad adulta con un mensaje interno: “No soy digno de que alguien me ame”, desde ahí el sentimiento de no merecimiento ¿Quién soy yo para merecer lo mejor?…todo esto te llevara a relaciones donde hay mucha dependencia emocional e incluso violencia.

La huella de humillación, traición, abandono y rechazo que pudiste vivir en tu infancia también provocan un sentimiento de no valía. No sé es consciente, se aprende a vivir así, se cree que es normal. ¿Cómo puedes saber si vives en desvalorización? Observa la forma en que te relacionas: ¿Buscas complacer, dar y hacer para sentir que te quieren? ¿Qué recibes en esas relaciones? ¿Piensas que nada es suficiente y que tampoco eres suficiente? ¿Cómo te tratan quienes te rodean? ¿Cómo te tratas tú? ¿Te criticas? ¿Te rechazas? ¿Buscas defectos en ti y en los demás para rechazarte y rechazarlos? ¿Cuál es la imagen que tienes de ti mismo? ¿Te sabes reconocer? ¿Con qué tipo de palabras te hablas? ¿Cómo es tu diálogo interno?

Una persona desvalorizada permite abusos pero antes es ella quien abusa de sí misma, recuerda: el nivel de maltrato externo que aceptas es proporcional al maltrato que tú ejerces sobre ti. Lo primero que debes tomar en cuenta es ser consciente que te desvalorizas y la forma en que lo haces ¿Qué permites? Para comenzar a trabajar con los escenarios de tu infancia: tu niña/o interno), sus heridas, carencias y necesidades. Quien sea que te haya hecho creer que no merecías amor, suelta, perdona, y toma esa experiencia como el recordatorio de que has venido a amarte, reconstruye ese espejo donde puedas mirarte en completitud, donde te aceptes sin juzgarte y desde ahí permitas relaciones nutritivas desde el amor que tú te das, también recibes. Es una certeza.

Por no perderle te has perdido a ti, por no soltarle te olvidaste de sostenerte. Ver tu vida en torno al sentido que le daba esa pareja, te lleva a poner el poder fuera, de esa forma relegas la responsabilidad de que alguien te haga feliz. Perder tu dignidad es desvalorizarte por depender de alguien, es perder la capacidad para decidir lo que sí y lo que no quieres, es conformarte, es sepultar tu alma bajo los chantajes y manipulaciones de tu ego. Y parece que siempre necesitas un golpe más fuerte para garantizar que vale la penar soltar los remos. Por favor, ya suelta lo que no funciona en tu vida por respeto a ti mismo/a. Sí. Suelta todo. Y punto. Amate infinitamente. Conecta con tu amor propio. Deja que crezca como una bella flor el amor que sientes por ti. Quiérete. Amate y agradece todo lo vivido hasta hoy. Así es perfecto.

Quienes han experimentado el abandono en su infancia consideran la soledad como su mayor enemigo. El abandono como herida del alma les marcó tanto que se encuentran en constante vigilancia para no quedarse solos, por lo que en muchas ocasiones tomarán ellos la iniciativa de abandonar a los demás por temor a revivir la misma experiencia como mecanismo de protección.

Hay otra parte de la herida de abandono que provoca mayor dolor: cuando “tú te abandonas a ti mismo”. Es de terror cuando eres tú quién se abandona así misma(o) a nivel inconsciente el mensaje que se graba es que no mereces atención, afecto, ni amor, ese dolor te aleja de todo el sentido de vida. Con el corazón en la mano, reflexiona:

  • ¿De qué forma me abandono?
  • ¿Me abandono para reafirmar que no merezco amor: lo mismo que viví en la infancia?
  • ¿Puedo identificar lo que siento, lo que necesito y comprometerme a cubrirlo para de esa forma dejar de abandonarme? Recuerda: Si tú ya te has abandonado, que alguien decida irse de tu vida lo interpretarás como abandono, proyectando en esa persona lo que tú misma(o) te haces.

La vida te lleva a la autonomía, a la independencia, hacia el crecimiento, pero quien se vive culpando o sintiendo miedo no puede crecer, se estanca, se frustra, se bloquea. Los hijos que viven con resentimiento hacia sus padres no pueden convertirse en autónomos, se vuelven dependientes de sus parejas, de sus empleos, van buscando eso que creen que les ha faltado en su infancia. Cuando la culpa se activa en los hijos que deciden independizarse de sus progenitores, está siendo una señal de dar pasos hacia volverse adultos, responsables de si mismos. Toda culpa desaparece en cuanto tomas consciencia de todo lo que esos padres tenían para ti, haya sido poco o mucho, poder tomarlo, agradecerlo y honrarlo, desde ahí hay un movimiento que te impulsa a crecer en todas las áreas de tu vida.

Si por el contrario decides sepultar tu instinto de libertad por la elección de creer que eres responsable de que tu madre y padre sean felices o que ellos son responsables de tu felicidad, te empequeñecerás buscando la pertenencia, la seguridad que en ningún momento te aportará felicidad. Y todos los que decidieron quedarse a vivir con sus padres, viven esclavizados al apego, a las lealtades ciegas donde no hay permiso para ser, sus egos buscan una zona cómoda donde siga habiendo culpables por la falta de valor en asumir la responsabilidad de sus vidas. No se puede dejar de abrazar a la vida misma tal cual es.

Terapia Sistémica:

Vacía tu mente de pensamientos. Concéntrate en tu respiración. Mira dentro de ti mismo/a para comprender lo que se está moviendo fuera, conectar con las raíces del árbol familiar, a través de las Constelaciones Familiares y ocupa el lugar que te corresponde ante tus padres y todo tu Clan Familiar. Ordena toda relación desde el amor incondicional. Y desde ahí permite que la energía de vida pueda fluir y te lleve a la realización. Visualiza que la Luz Divina del creador ilumina todo el Árbol Genealógico, incluso visualiza las raíces de luz Es necesario profundizar en el tema de las heridas de la infancia. En una Constelación Familiar puedes mirar la opción más amorosa contigo misma/o es recibir varias frases de resolución que te permita mirar desde otra visión lo que estás viviendo ahora y te impulse a un mayor nivel de consciencia. Es maravilloso transformarte en un ser humano conectado con la tranquilidad siendo más pleno y feliz. ¿Qué te ha traído a esta publicación? ¿Ha resonado algo en ti?

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