Momentos que importan – Parte 5: La recuperación determina tu identidad

Momentos que importan – Parte 5: La recuperación determina tu identidad

“No hay fracaso para quien se da cuenta de su poder, cuando nadie sabe cuándo está abatido; no hay fracaso para un emprendimiento hecho con determinación, es el deseo conquistable. No hay fracaso para aquel que se levanta cada vez que cae, que rebota como una pelota de goma, quien persiste cuando todos los demás se rinden, quien se empuja hacia adelante cuando todos los demás retroceden” – Orison Swett Marden

 

Recientemente tuve la oportunidad de hablarle a un grupo de mujeres basquetbolistas. Me encanta el basketball, y desde que mi hija comenzó a jugar y competir a finales de los años 90 realmente disfruto ver el basketball femenino. Desde el milagro sobre el Hudson, he tenido el honor de hablar en muchas escuelas secundarias, universidades y equipos profesionales. Así que cuando le hablo a equipos hablo del trabajo en equipo, liderazgo y persistencia en tiempos difíciles, pero me enfoco en algo que todos entienden: el rebote. No el rebote de la pelota, sino el recuperarse y cómo el reponerse de tiempos difíciles es la clave para lograr el éxito verdadero en la vida.

Durante la eliminatoria de Carolina del Norte para el campeonato nacional el año pasado, una de las cosas que noté muy de cerca no fue el porcentaje de tiros de tres puntos o la rotación de las jugadoras para la asistencia, sino el cómo rebotaban la pelota. Su coach, Roy Williams, es un obsesionado del rebote. Tan obsesivo que la Universidad de Carolina del Norte fue número uno de la primera división de basket universitario (347 equipos) en rebotes por juego, rebotes ofensivos por juego, margen de rebote y total de rebotes. El rebote fue la clave de su éxito; determinó su identidad.

Un día tuve una conversación con mi exministro de mi Iglesia, el obispo Ken Carter, sobre lo que hizo Jesús en sus tiempos más difíciles. Me contó que se replegaba y oraba. Siempre recuerdo esa conversación, así que cada vez que las cosas se ponen difíciles, frecuentemente rezo o leo pasajes de la Biblia; y a medida que voy leyendo busco a los personajes que han tenido tiempos difíciles: el apóstol Pablo falló, Pedro falló, y cada uno de los doce apóstoles fallaron. David, el rey de Israel, falló. Moisés, Jacobo, Isaac, Abraham fallaron. Aun nuestros primeros ancestros, hechos en perfección, fallaron. ¿Quién no ha fallado alguna vez? Pero nos acordamos de estos personajes por la forma como se recuperaron de su caída; la forma como respondieron y se recuperaron determinó su identidad por toda la eternidad. Recuperarse de la adversidad es la clave para el crecimiento.

Antes de que mi padre falleciera, hablamos sobre la situación actual de los Estados Unidos. Él creció en la depresión, y tuvo una visión muy específica sobre las cosas, no somos la primera generación que ha enfrentado este tipo de adversidad. Me pidió que fuese fuerte, que no comprara las palabras negativas, y que cuando las cosas se pusieran difíciles recordara cómo destacaba cada vez que me recuperaba de un fracaso, bien fuera en los deportes o en la vida, y que todo terminaba funcionando bien.

Desde que me independicé y comencé mi propia compañía, recuerdo lo que mi padre me decía. No me di cuenta de ello hasta que mi padre falleció, pero ser capaz de recuperarme de mis adversidades me ha ayudado a determinar mi propia identidad. Así que cuando hice mi charla TEDx: “Rebotando de vuelta, una experiencia personal con el síndrome de crecimiento postraumático”, y a medida que la iba desarrollando me acordaba de esos momentos de adversidad, cómo respondía y las lecciones que mi padre me enseñó. Mi objetivo era hacerla con pasión y gratitud. Gratitud por mi familia, por mis amigos que pasaron el fin de semana conmigo en Kingston, Ontario, y todos aquellos que nos ayudaron durante y después del milagro sobre el Hudson. El cómo haberme recuperado determinó mi identidad.

La próxima vez que te enfrentes a la adversidad, recuerda esas sabias palabras que has escuchado antes: lo que no te mata te hace más fuerte. Utiliza la metáfora del rebote para crecer desde tus desafíos; tu propio accidente del avión de tu vida. Sé consciente de que aquellos que se recuperan mejor tendrán las mejores oportunidades de tener un éxito verdadero en la vida. Usa referencias del pasado como mentores virtuales que te ayuden a transitar tus dificultades.

Todos esos MOMENTOS en tu vida IMPORTAN y determinarán tu identidad.

Traducción: María Teresa Febreiro

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