Morir de amor

El novio formal que la visitaba a diario y la llevaba a pasear salió de viaje por un par de semanas prometiendo volver pronto, pero en lugar de regresar con regalos, abrazos y besos, reapareció con esposa, porque aquel había sido su viaje de Luna de Miel. Y este no es el primer capítulo de una telenovela venezolana, es una historia verídica que marcó su vida a la mejor usanza de las mujeres garcialorquianas.

Bella es poco decir, eran tan hermosas su figura, sus facciones, su cabellera, y hasta el carro en el que andaba, que más de uno volteaba a verla estupefacto, aunque rondara los 50 años, y esto ocurrió en la época en que ni las plásticas ni el botox estaban de moda.

El éxito con los hombres, los reconocimientos profesionales, viajes y amistades no fueron suficientes para cambiar la frustración que aquel episodio le produjo. Sonreía a amigos, compañeros y conocidos como un ángel cariñoso y bien dispuesto, pero su alma albergaba un rencor que solo conocían los que compartían su intimidad.

Aquel abandono silencioso y la mentira desproporcionada, enmarcados en el miedo al qué dirán y el secreto típico de mediados del siglo XX, le hicieron creer que no merecía amor, a tal extremo que su vida se perdió entre el dolor y la enfermedad.

Perdió la cuenta de los cubrecamas quemados por las colillas; fumaba más de tres cajas de cigarros por día, sus pulmones pasaron factura y el cáncer llegó para llevársela más temprano de lo normal.

Las quimio y radioterapias fueron apagando la luz de sus ojos, la tersura de su piel y el brillo de su cabellera, así como en la segunda década de su vida se apagó su alma y años más tarde se convirtió en la otra de aquel hombre falso, con nombre falso para que su familia no se enterara de que había caído en la trampa «por amor».

Decía que nunca amaría a nadie como a aquel señor, quien 20 años después se divorció y cuando la vio cerca de la muerte le ofreció matrimonio. Justo allí, resplandeció inesperadamente su mujerabilidad y dijo: no.

Fue una de las muy pocas veces que se amó más a sí misma que a él, varios meses después se fue de este plano; nos dejó la lección fehaciente de cuánto puede destruirnos el dolor no afrontado, la mentira tapada con más mentiras y el sentimiento de apego muy mal llamado amor.

Si de cada sufrimiento aprendemos, para luego soltarlo y recomenzar, el Amor se construirá dentro de nuestra alma y podremos finalmente vivir con la armonía que deseamos. Porque el Amor no mata, no miente, no duele; el Amor no se oculta, no genera ansiedad, no destruye. El Amor concreto es paz, es unión, es sanar.



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