Mujer 4×4

La historia de la humanidad deja una marcada ignorancia del poder femenino. El hombre se ha preocupado y ocupado de subestimar el rol de la mujer en la sociedad, en gran medida por temor y ego.

Las mujeres son y serán siempre un bastión medular para la existencia humana, y sin ánimo de sobrevalorarlas o de exagerar, son el sexo con mayor fuerza, poder, sapiencia y recursos (belleza, intuición, sentimiento y más) que existe sobre la Tierra. Ante esta afirmación una mujer me acotó: «te faltó inteligente», a lo cual mi cara le respondió con un gesto de duda y desconcierto. Por supuesto, se ofendió y me pidió explicación, a lo cual respondí: «desde el punto de vista biológico la mujer es superior al hombre, y es algo que se corrobora desde el momento de la concepción de un ser humano. Los embriones que dentro de su configuración genética son XX en el par de cromosomas que determina el sexo, estadísticamente tienen una mayor posibilidad de vivir y nacer, ya que la mayoría de los abortos espontáneos que ocurren en el mundo son de embriones XY». Diría mi esposa que es que a la Y le falta la patica para ser fuerte y mantenerse en pie, y sí, como hombre lo admito, es así. El cromosoma que más carga energética y fuerza tiene es el X y ellas tienen dos. Yo suelo pensar que en nosotros esa patica es el pene, que más que fuerza, puede llegar a ser un factor que nos puede meter en problemas y no lo digo por la bendición de la reproducción, sino por lo de miembro alegre y educado que se levanta cada vez que ve una dama interesante.

El embarazo es un proceso fuerte y difícil para el bebé en gestación, las mujeres suelen aguantar y nacer más que los hombres. Esa fortaleza no solamente es parte de su nacimiento, es algo que se mantiene a lo largo de su vida, tienen más tolerancia al dolor. De por sí, son más los hombres que le temen a una aguja de jeringa, que mujeres; un hombre se incapacita ante un pequeño resfriado, la mujer guapea y a pesar de su malestar no deja de lado sus cosas, lo cual muestra un sentido de la responsabilidad más alto.

Sé que en este punto de la lectura muchos dirán: «pero esas mujeres serán como dice el título de un libro, de Venus, porque no conozco a ninguna». El problema es que el hombre, en distintas formas y basados en posturas culturales, ha tenido y tiene una lucha por cuidar y mantener el patriarcado instaurado desde hace miles de años. El hombre, después de descubrir sus capacidades, deja de venerar a la mujer quien en las primeras civilizaciones fungía como la matriarca. Esto se debía en gran medida a que para todos era evidente que la naturaleza, el planeta Tierra, el mundo en sí era mujer, por el simple hecho de que proporcionaba vida y alimentos como lo hace una mujer cuando pare y amanta a sus hijos. Pero cuando el hombre se da cuenta de que puede tener control sobre la naturaleza, automáticamente asume que tiene control sobre la mujer, la rebaja, denigra y solo la ve como un medio para obtener cosas, sin embargo, muy en el fondo reconoce el poder femenino y, por ende, mantiene una lucha constante por no darle espacio ni participación, cosa que tampoco hace del hombre un individuo inteligente.

Ahora por qué la mujer es todo menos inteligente, por ello las llamo 4×4, o sea, todo terreno, porque se han lanzado a una batalla absurda por demostrar algo que son y de paso, están ganando, solo que con el estúpido resultado de llevar todas las cargas y responsabilidades a cuestas.

Con esa idea loca del feminismo a ultranza, que para mí es algo así como “si me disparan balas con frases machistas, lanzo misiles con frases y posturas feministas”, la mujer, más allá de recuperar su matriarcado o su rol natural, se ha ganado una carga innecesaria. Ha sido tanta la necesidad de la mujer de ocupar roles y puestos del hombre tratando de igualarse, que el hombre se percató inconscientemente de que era una oportunidad para zafarse de responsabilidades que venía cumpliendo desde hacía muchos años y se había olvidado de por qué lo estaba haciendo. La cosa es que la mujer con su solicitud de que se le reivindicaran sus derechos y se le dieran las mismas oportunidades, se le olvidó pelear o exigir los deberes del hombre.

Vemos entonces miles de mujeres que ahora hacen los mismos trabajos que los hombres, con los mismos beneficios y quizás hasta mejores, que han alcanzado y logrado mejores cosas que los hombres, pero igual deben llegar a su casa después de una larga jornada de trabajo, muy probablemente estresada y agitada, a recoger todo el camino de ropa que dejaron los niños y el niño más grande con el que se casó, encontrando al final de ese camino a los niños (y al grande también), y escuchar casi al unísono la pregunta: ¿qué hay de cenar? Para luego, mientras una está chateando en su dispositivo móvil, el otro jugando en Internet matando enemigos conectados con otras latitudes del mundo y el más grande con el que se casó viendo deportes en la TV, ella está planchando, lavando, y acomodando todas las cosas de todos para el día siguiente. Sin contar que quizás el palito faltante de la Y que brotó en la entrepierna del manganzón  con el que se casó se emocione y se levante a la hora de dormir, ante lo cual la mujer tiene que cumplir para mantener viva la llama del amor en el matrimonio. Esta bien que sean guerreras, mas no masoquistas, déjense y pidan que se les considere y consienta de vez en cuando.

Quizá el anterior panorama no sea su caso, o no sea tan así, quizá lo fue en algún momento, por ello digo que faltó inteligencia a la mujer en la lucha por conseguir espacio y una posición digna. La mujer no es un rústico 4×4, no tiene que hacerse dura y estructurada como el hombre, una fémina tiene mayores y mejores recursos, son magia pura, son la esencia de la vida que perfuma todo lo que le rodea haciendo que las cosas funcionen mejor.

La mujer puede hacer muchas cosas, eso está claro, pero entre esas cosas no está castrar, usurpar o desplazar a los hombres, enseñarlos sí, pero asumir la actitud que los  hombres asumieron por tantos años de subestimación al otro y además asumir todas las cargas no es nada inteligente.

Sean doncellas de cuentos de hadas, con almas de princesas guerreras que van codo a codo al lado de caballeros bondadosos, íntegros, dignos, virtuosos y guerreros como muchos de los que se sentaban en la famosa mesa redonda de la leyenda del Rey del Arturo.

Gracias por leerme, les deseo miles de bendiciones.



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