Muy vieja pa’ la gracia

Seamos sinceros: hay cosas, momentos o circunstancias donde entendemos que ya no tenemos edad para actuar de cierta forma.

Cuando vivimos esa tortuosa etapa que se denomina adolescencia se nos permite actuar impulsivamente, todo bajo la excusa de la edad. Insultamos, agredimos, gritamos, nos embriagamos (eso aún sigue vigente) y pare usted de contar cuantas cosas bochornosas nos atrevemos a hacer para determinar nuestro reinado adolescente, sin medir la gravedad o estupidez de nuestros actos.

Al comenzar la universidad (por poner un estimado) las personas comenzamos ese trayecto en el que nos damos cuenta de que nuestra actitud es realmente patética e innecesaria y así, tras el arrepentimiento o análisis de nuestro pasado, comenzamos a actuar como entes adultos y responsables de nuestros actos (se supone que es así. Si usted tiene más de 21 y sigue siendo un idiota, vaya a un psicólogo por el bien de todos)

Parte de la madurez viene medida por la habilidad de controlar los impulsos. Esos momentos de tentación que durante la adolescencia se nos permitieron y de los cuales nos arrepentimos hoy en día (en su mayoría). Aún recuerdo un episodio que catalogué como breakdown (por no llamarlo patético): giraba alrededor de los 21 años, no recuerdo exactamente, cuando un ex confesaba que había entrado en mi Facebook y otras redes sociales, rompiendo mi confianza. Si lo analizo hoy en día entiendo que ese día parte de mi cariño murió súbitamente, pero admito que mi reacción tampoco fue apropiada: comencé a gritar e insultar a niveles en los que todos los vecinos deben haber escuchado mis argumentos cuaimiles y ridículos. Años después, lo siento.

Impulsos, impulsos, impulsos. En la actualidad he mejorado mi capacidad de reconocerlos y neutralizarlos, en mí y en los demás, aunque no siempre entienda los impulsos ajenos.

¿Qué nos lleva a actuar tan inconscientemente? ¿Por qué los impulsos suelen ser formas de agresión? ¿la impulsividad es una forma de prepotencia?

Esas acciones inesperadas, a mi parecer, están influenciadas por heridas o experiencias previas. Pero hey (HEY!) no es mi problema ni mi responsabilidad tolerar los traumas no superados de otras personas. En cuanto a la agresión (malo, malo, perro malo) me parece innecesaria, sobre todo ejercerla a través de alguien que no tiene relación con los problemas internos de otro. Además, imaginemos el momento: estás tranquilo en tu vida y te entra esa fuerza y ganas de actuar impulsivamente, te diriges hacia la víctima y sueltas todo el veneno esperando que esa persona se sienta violentada y responda de la misma manera.

Existen dos posibles resultados: la persona responde violentamente o dicha persona decide cortar de raíz esa nube de violencia. ¿Quién queda mal?

A esta edad no estoy en capacidad para continuar argumentos que parecen sacados de una Pascualina (rodó la cédula, pero yo se que ustedes entienden) y sinceramente, somos adultos, y la adultez se paga cara.

Así que, gente, get your shit together.

Love, R.



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