¡Nada sucede al azar!

Nuestros actos básicamente son siempre efectuados para proporcionarnos una dicha eterna que nunca parece llegar. ¿Por qué será? A estas alturas ya no crees que las circunstancias de la vida son gobernadas por una fuerza superior caprichosa, determinada a ponerte las cosas difíciles y complicadas… ¿o sí?

Habitualmente pretendemos evitar la verdad. Nos apoyamos en una lista de razones y motivos que se producen en el externo y que involucra a terceras personas, como si todo ello no tuviera nada que ver con nosotros… ya sabes, ¡cosas de la vida!…

Haz las 3 respiraciones que llevamos realizando a diario e intuitivamente escoge, en el registro de pensamientos/emociones, una emoción. Échale un vistazo a la situación y los personajes involucrados en la misma: ¿qué ves?

Dime, ¿la escena se desarrolla de acuerdo a lo que tú emocionaste?

Tal como percibes las cosas generas un pensamiento, el cual produce una emoción a través de la cual actúas. Sea lo que sea que te acontezca, es un escaparate que te muestra lo que sucede en tu interior. ¡Sí! En ello se encuentra, a plena vista, las respuestas que te guiarán a la salida. Echemos otro vistazo a tu registro y en esta ocasión observa cuántas veces se repite una misma emoción y observa cómo se desarrollan las circunstancias.

Tómate tu tiempo, querido lector, y mantente respirando. Nada hay allí a lo que temer. Es tuyo y puedes transformarlo. ¡Mira!

No ofrezcas resistencia al flujo natural del acontecer interno, solo revisa con ecuanimidad los patrones de conducta. La consideración justa nos liberará de tensiones innecesarias permitiéndonos observar las causas profundas que nos inducen a la acción.

Aléjate de la vanidad del teatro del yo y sitúate en tu propio ser: ¿Puedes ver que lo que sucede dentro de ti es la causa de lo que acontece?

Da igual si “otra” persona generó el disgusto o malestar. Lo único cierto es que ahora ese momento es tuyo y solo tú decides como tomártelo: desde la herida (hablaremos y trabajaremos sobre esto en la segunda fase) o desde el aprendizaje: tú decides, Como el genio en la botella que eres. ¿Recuerdas?

Si es necesario, pide ayuda. Acude a alguien que te merezca confianza y sea capaz de ayudarte, pues es posible que este ejercicio te crea confusión.

Renuncia a resultados rápidos. Poco a poco y paso a paso, guiados por tu propio ritmo. Gentilmente. Céntrate en tu ser. Todo el proceso que estamos realizando es una cirugía almática que genera una reforma profunda a cada paso que das y el cual requiere de tu atención y constancia. No te desalientes.

Ante el curso del sol, el viajero no puede separarse de su sombra.

A cada instante el manifiesto creado por ti te va arrojando pistas y “la vida” enviando señales que guían e iluminan el sendero a seguir.

 ¡Nada sucede al azar!… aunque cueste creerlo.



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