Un niño y dos madres

“Necesitamos que el padre llene los datos del bebé”, dice la enfermera. Silencio. Incomodidad. Verónica no sabe qué  hacer. “Somos dos madres”, contesta -por fin- a la enfermera, pero no puede firmar los papeles. No tiene derechos sobre el niño. No existe registro de que el pequeño es su hijo. Legalmente, Gabriel sólo tiene una madre: Iris.

La formación de familias homoparentales es una discusión poco tratada en las leyes venezolanas. Iris, Verónica y por lo menos 4 mil parejas homosexuales en el país aún esperan porque sus derechos sean amparados por una ordenanza.

Cada vez más países han decido abrir un debate trascendente sobre los derechos de la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gays Bisexuales, Transexuales e Intersexuales). En Argentina, Brasil y Uruguay es posible que las parejas homosexuales contraigan matrimonio. En Colombia, Ecuador y Guyana pueden realizar su  unión civil. En Venezuela la población sexodiversa sigue en la lucha por lograr la ansiada transformación social donde sus derechos a formar una familia sean reconocidos por la ley.

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“Sueño con un país donde Gabriel  y todos sus hijos puedan tener los apellidos, derechos y privilegios de cualquier hijo de dos seres que se aman”, dice Iris. Ellas tienen más de tres años de relación. Desde el primer año, expresaron su deseo de ser madres. Acudieron a tres centros de fertilización. El primer intento fue fallido. El médico las rechazó.

Luego de un proceso de investigación, decidieron usar la inseminación artificial como método para fecundar el óvulo de Iris. Tanto Verónica como Iris aceptan que sus familiares y amigos actuaron con muchísimo respeto ante su decisión de tener un hijo juntas, pero han tenido algunos inconvenientes con personas vinculadas a la Iglesia.

“Somos cristianas y el hecho de que nuestro hijo exista es un milagro de Dios. Si Él permitió que nosotros tuviéramos un hijo, siempre lo vamos a criar bajo esa cultura”, comenta Iris convencida.

La familia es un tema muy delicado en Venezuela, especialmente si se trata de padres y madres homosexuales. Iris y Verónica lo viven en carne propia. Algunos de sus conocidos se preocupan por cuál será la respuesta de Gabriel cuando deba explicar que tiene dos madres. Ellas contestan que siempre formarán a su hijo con la verdad por delante y le inculcarán el respeto por los demás. Creen firmemente que lo importante de un hogar es tener amor.

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Los ojos de Iris se llenan de nostalgia al recordar la difícil decisión que tomó junto a su pareja, cuando tuvieron que elegir cuál de las dos tendría al bebé en su vientre. El niño sólo puede tener el apellido de la mujer que  lo dio a luz. Ya Gabriel tiene un año y dos madres que lo adoran. Los planes de tener otro niño siguen en pie. La próxima en tener la experiencia de traer un niño al mundo será Verónica.

En Venezuela no existen leyes que amparen la homomaternidad ni el matrimonio entre personas del mismo sexo. Familias como la de Iris y Verónica aún esperan que sus derechos sean protegidos. Sin embargo, tampoco está prohibida la unión homosexual. En el Código Penal se establece la obligación de registrar los matrimonios de venezolanos que se realizaron en el exterior, sin especificar si se trata de una familia homosexual o heterosexual.

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Maruja Hernández, psicóloga venezolana, explica que los prejuicios por orientación sexual tienen muchas raíces que se han potenciado con antiguas creencias científicas en las que la homosexualidad era considerada como una psicopatía sexual durante los siglos XVIII, XIX y XX. Esto se ha ido impregnando con la visión religiosa y con un fenómeno político que tiene miedo a afrontar los temas relacionados a la homosexualidad.

A pesar de las limitaciones legales que tiene la comunidad sexodiversa en Venezuela para establecer una familia, son cada vez más las personas que han dejado de lado los prejuicios, como también han surgido propuestas fantásticas como las de Daniel Arzola, un joven diseñador, escritor y activista que se ha encargado de llevar su mensaje de respeto por la diversidad desde Venezuela hasta distintos países del mundo a través de su campaña No soy tu chiste.

Sobre la formación de familias homoparentales en Venezuela hay mucha tela que cortar y una gama infinita de opiniones con distintas tonalidades. Sin embargo, cada vez es más larga la lista de personas en el país que lucha por que exista menos homofobia, más respeto e igualdad de oportunidades para todos por igual. ¿Tú de qué lado estás?

 



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