No esperes más, libérate de esas creencias ¡ya!

Detrás de toda creencia que nos limita hay un miedo escondido que nos hace actuar de una determinada manera y es por eso que se hace tan difícil, en ocasiones, hacernos conscientes de ella y mucho más enfrentarla.

Desde pequeños hemos sido “domesticados”, como dice el Dr. Miguel Ruiz en su libro Los cuatro acuerdos, refiriéndose al hecho de que desde pequeños nuestros padres y los seres queridos que nos acompañaron, nos transmitieron sus miedos. Pero tampoco hay que culparlos, pues tan solo repitieron el patrón de crianza que les dieron a ellos. Un patrón cuyos orígenes se remontan al inicio de la humanidad. Una conciencia colectiva que hemos ido pasando de generación en generación y que se ha encargado de adoctrinar y decirnos qué está bueno y qué está malo, qué debemos hacer y qué no, y por supuesto, según sea la sociedad, el país o la etnia donde nos haya tocado nacer, tendremos nuestras propias creencias culturales y sociales producto de este entorno.

En el ámbito personal, nacemos viviendo en espíritu, siendo lo que nuestro Ser nos induce, pero a medida que vamos creciendo vamos perdiendo este nexo con nuestra esencia divina, pensando y actuando únicamente en función de nuestro ego. Manteniéndonos atados a una vida que solo está basada en el temor.

Y así vamos creyendo todo lo que los demás piensan de nosotros. Escogemos la carrera que estudiamos, más por complacer a nuestros padres que por seguir nuestra verdadera vocación. No expresamos lo que sentimos y deseamos realmente por temor a ser rechazados, y hasta dejamos de aprender a tocar ese instrumento o practicar ese deporte que tanto nos gustaba, por complacer a alguien que en el camino se le ocurrió decirnos: “tú no sirves para eso, olvídalo”.

Este proceso de “domesticación” al cual somos sometidos a lo largo de nuestra crianza, deja de ser necesario a medida que crecemos; ya no precisamos que los demás nos domestiquen, porque nosotros solitos lo hacemos muy bien. A pesar de esto, sí es posible deshacernos de esas creencias y patrones de conducta que nunca elegimos tener.

Lo primero que debemos hacer es hacernos conscientes de estos. Cuando algo nos limita, nos genera tensión, ansiedad, nos causa dolor, es porque seguro detrás de esa emoción nociva hay un miedo oculto y detrás de ese miedo, si pudiéramos observarlo, veríamos una creencia que lo respalda, que lo justifica. Cuando deseas poderosamente algo y no logras dar el paso siguiente para encaminarte a la acción y conseguirlo, estarás ante una creencia limitante. ¡No la subestimes, identifícala!

Por lo tanto, lo primero es fijar nuestra atención ahí, en esa sensación incómoda que estamos sintiendo y que nuestro cuerpo se está encargando de mostrarnos. Ten presente que tu ego siempre te hará creer que hay una excusa valedera y muy razonable para justificar una creencia.

Segundo, una vez detectada, debemos tomar acciones para romper con ese patrón. Es aquí donde debemos dejar que aflore nuestro guerrero interior y hacer uso de todo nuestro poder para transformar esa creencia, dando un paso a la vez. Esto significa día a día comprometernos con nosotros mismos, y no desperdiciar cada oportunidad que la vida nos regale para aplicar lo aprendido. Para que el cambio que quieres ver en tu vida se manifieste, debes emprender la acción para lograrlo. Quedarte en la teoría o hacerte consciente no es suficiente. “Intención sin acción no sirve, es solo una ilusión”.

Por lo tanto, la única forma de transformar esta creencia es sustituyéndola por otra que nos empodere, que nos potencie y que nos haga feliz. Esto lo lograremos a través de la repetición. De esta forma haremos que nuestro ego se debilite hasta que desista viéndose totalmente acorralado por nuestro poderoso deseo de transformación.

Conforme vayamos incorporando la nueva creencia, nos iremos deshaciendo de la creencia limitante, pues habremos vencido el miedo que nos mantenía presos y sentiremos, literalmente, una paz y una armonía interior que no te la puedo describir con palabras, tienes que experimentarlo por ti mismo(a)… ¡Vamos no te niegues esa experiencia!

Si empiezas a hacer esto, manteniéndote presente en el aquí y el ahora, haciéndote consciente de tus pensamientos y de la emoción incómoda cuando estos aparecen, verás que cada vez te será más fácil identificar tus miedos. Sin lucha, solo dejándote fluir, permitiendo que esas vibraciones negativas o de baja intensidad, contenidas en tu subconsciente, se transformen, solo con la luz de tu conciencia.

Esta práctica te permitirá no solo transformar tus miedos más pequeños, sino que a medida que vayas practicando tu poder personal, tu guerrero espiritual se irá fortaleciendo, permitiéndote llegar inclusive a la esencia, a la raíz donde se originaron tus miedos más profundos.

Voy a tomar prestada nuevamente una frase del Dr. Miguel Ruiz pues creo que sus palabras resumen lo que quiero transmitirte: “Llegar a la esencia de esos acuerdos —creencias— es lo que yo llamo ir al desierto. Cuando vas  al desierto, te encuentras cara a cara con tus demonios. Una vez salido de él, todos esos demonios se convierten en ángeles”.



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