No hacer de una llovizna una tormenta

Suena a cliché, pero nada más sano que poder tomarse unos minutos al finalizar el día y preguntarse qué aprendimos hoy. Los miércoles son mis días de #sesionesdeterapia, obvio, es el día que asisto al sicoanalista. Todos tenemos nuestros problemas, y hace tiempo que yo decidí, además de la meditación, el ejercicio, cambios de empleo y otros tantos, empezar el sicoanálisis.

A veces cargamos mochilas por demasiado tiempo que terminan incrustadas y parecen imposibles de sacar. Soy dramática, me cuesta mucho aceptarlo, pero sí, crecer con Topacio y Cristal fue una influencia interesante en mi niñez, sumado a situaciones y vivencias difíciles para quien apenas era una niña con pocas herramientas emocionales y escasa orientación familiar.

Muchas veces no nos percatamos de que esas situaciones vividas en la infancia siguen haciendo mella, veinte años después. No voy a decir que el miércoles sucedió unglobos-soltar milagro, entender que de una llovizna suelo hacer una tormenta, es algo que ha tomado tiempo, esfuerzo y coraje de mi parte. Pero al fin pude identificarlo, comprenderlo y de hecho siento que la mochila que tenía incrustada, al menos la pude poner en el suelo. Y sólo uno sabe cuánto cuesta sacar de uno mismo esas cosas que venimos cargando desde hace tanto.

Me enferma que me engañen, pero me afecta tanto una mentira de un desconocido, como el hecho de entender que alguien a quien amas pudo haberte mentido durante años, entonces convierto una llovizna en el diluvio de Noé. 

Cargamos tanto peso innecesario que una leve pluma puede pesarnos tanto como esos años que llevamos sin poder soltar un hecho determinado. “Soltar todo y largarse qué maravilla” reza una canción de Silvio Rodríguez.

Es hora de soltar. Piensa en eso que te afecta tanto, que a veces llega a carcomernos por dentro, ese gesto de un extraño que desata una furia interna, ese comentario que en vez de parecerte ajeno se siente personal y causa dolor.

Si te sientes identificado con este tema, desde mi experiencia puedo recomendarte que cuando suceda algo semejante, respires, pienses, y te preguntes ¿de dónde viene eso que no he solucionado? Que sea leve, no todas las lluvias son tormentas, y no todas las plumas son de hierro. No permitas más que el pasado haga eco en tu presente. Dale la vuelta a esas situaciones, para que te enriquezcan, te llenen de esperanza, de posibilidades abiertas con mejores salidas.

No permitas que el alma decaiga y se inunde el corazón cuando es un evento sencillo, para el que gracias a ese pasado, a esas experiencias, estás más que preparado para observarlo y saber cómo manejarlo. Ante una llovizna la sombrilla puede quedarse en casa, el techo que cobija y te protege, siempre, aún en el más fuerte diluvio está dentro de ti. 

 



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