No nos acostemos enojados, ¿de acuerdo?

Es normal que en determinados momentos surjan diferencias en las parejas, por desacuerdos de opiniones, de ideas e incluso por presiones externas, económicas, sociales, de trabajo que generan estrés y que pueden tornar a la persona más vulnerable y menos tolerante ante situaciones.

El amor no es suficiente para que las diferencias pueden resolverse pero definitivamente es fundamental; ¿qué más hace falta? Comunicación, ganas de reconciliarse, respeto, confianza y fe en que tienes una relación maravillosa donde el orgullo debe ser dejado de lado en nombre de ese amor.

Ahora bien, no todos reaccionamos igual, hay personas que prefieren resolver de inmediato pero, hay otras que no, que prefieren esperar; el punto es que el tiempo puede negociarse siempre que no sea muy prolongado como para crear una brecha entre los dos que cueste más pasar, pero si es necesario para que la conversación no sea de gritos, ofensas ya que sabemos que esto no puede recogerse y deja marcas, heridas que es mejor evitar.

Revisemos algo muy interesante que plantea la Biblia: La Biblia dice: “Enójense, pero sin pecar; que el enojo no les dure hasta la puesta del sol, pues de otra manera se daría lugar al demonio”. (Efesios 4:26,27). (Versión hispanoamericana).

“Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo”. (Versión Dios habla hoy).

“No permitan que la ira los haga cometer pecados; que la noche no los sorprenda enojados. No les den ninguna oportunidad al diablo para que los derrote”.

Independientemente de la creencia religiosa que sigas te comento que estas palabras encierran una gran verdad; la noche, el momento en que vamos a descansar, representa la intimidad y la paz e influye enormemente en el siguiente día. Ese demonio del que habla la Biblia, desde mi humilde interpretación es esa brecha que se genera que puede ir desde el despertarse e ignorar lo que pasó y seguir adelante hasta el reiniciar la discusión. Ignorar lo sucedido no permite solventar, aclarar y por lo tanto no es sano; seguir la discusión no solo es desagradable sino que se complica por el resentimiento consciente o inconsciente de no haberlo aclarado la noche anterior.

¿Cómo resolverlo entonces?

Hagan un pacto, acuerden no acostarse nunca molestos y, si en el momento necesitan tiempo para calmarse pues válido pero háganlo antes de dormir hasta resolverlo. Con ese acuerdo firme les sugiero unos pasos:

1. Busquen un lugar calmado donde estén solos para conversar.

2. Recuerden que el amor si es honesto puede superar al orgullo.

3. Intenten mirarse a los ojos sin hablar durante mínimo un minuto sin hablar, esta terapia conectará sus almas, puede restar gravedad al tema que se discute y en ocasiones hasta los puede hacer reír. Si no puedes por la molestia salta este paso pero créeme que es potente.

4. Hablen uno a la vez, desde el amor, sin ofensas y, mientras uno habla el otro escucha, ¡ojo! Escucha, es decir, presta atención a lo que piensa, siente y dice el otro sin anticipar la respuesta que le vas a dar.

5. Vuelvan a mirarse en silencio por lo menos un minuto.

6. Lleguen acuerdos para solventar lo que originó el problema

7. Dense un abrazo y reafirmen su amor

Con estos pasos dejarán atrás el problema, que se vaya con el día que culmina y podrán dormir placenteramente y/o, aún mejor, hacer el amor.

Nota: Por supuesto que este escrito se refiere a conflictos menores, en casos más complejos que involucren valores como por ejemplo infidelidad no es tan sencillo porque cuando se quiebra algo que valoramos se puede quebrar la confianza y esto requiere de procesos más complejos si se desea resolverlo, como por ejemplo terapia de pareja.

El amor todo lo puede si los involucrados lo desean.



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