No se suicidó

Ella solo pensaba en suicidarse, no quería ni terminar la tesis porque no le veía sentido a su vida sin él. La montaña rusa -harto conocida- de esos hombres que hoy te aman y mañana tienen una “gran confusión”, la convirtió en poco menos que el títere preferido de él. Parecía que no tenía escapatoria.

Hoy, más de 20 años después, mira hacia atrás y, con una mujerabilidad que causa la mayor de las admiraciones, agradece infinitamente su presencia en aquel momento de su vida. Durante mucho tiempo creyó que no podría olvidarlo, cuenta que un gran amigo de él siempre la apoyó y le decía que se respetara a sí misma, “era tan bueno que hablaba conmigo por teléfono hasta que me quedara dormida, solo para asegurarse que no terminaría quitándome la vida”.

Luego de un tiempo, comenzó a salir con otros, pero no lo olvidaba. Su buen amigo también salía y tenía parejas, hasta que un día, sin darse cuenta comenzaron a gustarse y se hicieron novios, pero el famoso “él” se enteró, la buscó y las cosas volvieron atrás.

Cuando habla, se siente que vivía en un espiral en bajada, que cuando lograba subir con un esfuerzo sobrehumano, el más mínimo viento la jalaba hacia atrás y volvía al desastre de sentirse mil por ciento vulnerable a él.

Las razones para que tantas mujeres pasen por situaciones como estas son muy variadas y, en mi experiencia, una importante mayoría tiene un denominador común: disfunción familiar en nuestra infancia.

Es decir, nuestras relaciones con papá y mamá en la niñez nos signan, y pareciera que no podemos cambiar su efecto en nuestro futuro, pero solo pareciera. Hoy, contamos con tantas herramientas, desde la psicología y el crecimiento personal hasta los libros de auto-ayuda y la meditación, que estoy segura de que el Amor concreto puede sustituir al desamor aprendido.

Así lo demuestra la vida actual de esta mujer, quien terminó siendo la novia de su noble amigo durante casi 15 años, se casaron y hoy esperan un hijo. “A aquel logré perdonarlo, también me perdoné y comprendí su presencia en mi vida; ellos terminaron reconciliándose, pues eran grandes amigos, hasta fue a nuestra boda y cuando lo vi, constaté que el verdadero amor es el que te da paz y armonía, ese que nos permite SER y hoy no lo cambio por nada”.

Mientras me contaba su historia, se nos salieron las lágrimas, reconocimos cuanto dolor hemos vivido cuando estamos en el ojo del huracán, pero también cuanto crecimos, cuanto aprendimos ¡cuan consolidada está nuestra Mujerabilidad!



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