¡No sufra por el pasado!

Es sabido que la vergüenza y el amor son fuerzas muy grandes que nos ayudan en nuestro proceso de desarrollo espiritual. Aunque las vemos como opuestas entre sí, son iguales en cuanto al poder que tienen para hacernos reflexionar y cambiar.

Si vivimos avergonzados de nosotros mismos y nos lamentamos por el pasado, entonces estamos negando el proceso de crecimiento que necesariamente tenemos que vivir —a veces con dolor—, para aprender. Pero la vida sigue y los errores no son para sufrir quedándonos pegados en culpas y arrepentimientos sin sentido, porque sabemos que nadie puede anular el tiempo, regresar al pasado y cambiar esa acción que ahora nos avergüenza y nos  provoca pesar.

Son muchas las personas que pasan años de su vida mortificándose, sufriendo y lamentándose por lo experimentado, sin sacar cuentas que en ese momento no tenían toda la información, conocimiento y sabiduría que ahora tienen. La historia personal y social no puede ser analizada con elementos de juicio actuales, sin considerar las herramientas de que se disponía cuando los hechos ocurrieron; por lo que las conclusiones de hoy respecto a lo vivido no deberían ser ni tan duras ni tan severas.

Si además esas culpas, penas y dolores las asociamos a parejas rotas, familias deshechas y amistades quebradas, la cosa se pone aún peor. ¿Cuántas personas hay en el mundo que viven amargadas por errores que cometieron en el pasado; por no haber hecho o dicho algo en el momento oportuno; por callar, mentir, ofender o herir a un ser querido?

Si miramos la escena con distancia y un poco de objetividad, nos daremos cuenta que en esa actitud también hay algo de soberbia y egoísmo, porque en el fondo estamos culpándonos porque no  controlamos todas las variables, negándole a los demás la posibilidad de elegir y decidir por sí mismo su vida y tal vez pensando que nosotros somos seres distintos y especiales.

Lo que debe consolarnos ante estas situaciones, que consideramos adversas con resultados no previstos, es saber que hicimos nuestro mayor esfuerzo en el camino. Porque sin duda hay fuerzas, que desconocemos, que intervienen en la vida de todos y lo que ahora nos parece malo, puede que haya sido lo mejor que nos pudo haber pasado si lo analizamos en un futuro próximo.

Los invito a vivir sin aflicción por el pasado y comprender que todos estamos en un constante proceso de aprendizaje, porque las heridas se curan cuando se limpian desde lo interior hacia lo exterior. Y si somos conscientes de nuestros errores, lo mejor es disculparnos y perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.

Luego, tenemos que dejar espacio para que los milagros sucedan y entregar ese pesar al olvido, procurando que la enseñanza recibida nos sirva en nuestro desarrollo social y espiritual. Sin duda, todo lo que hemos vivido ha sido necesario y todos estamos en caminos diferentes, pero con una meta común, construirnos todos desde el perdón hacia el amor.



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