NO TE NIEGUES AL PLACER DE LA GRATITUD

En efecto, la gratitud nace de la conciencia y en ella la memoria juega un papel esencial. Gratitud por la vida, por la salud, por la existencia del ser amado, por el libro que lees y disfrutas…, el paisaje que conmueve o el recuerdo que da sentido a esas tardes de tu vida.

Pero también gratitud por las pequeñas cosas que son grandes placeres: la lluvia que juega en nuestras manos la conversación amena, el pequeño gesto amable, la mirada cómplice, la caricia casi imperceptible pero deseada.

La gratitud es amable, es decir, invita a amar. Tanto para el que la expresa como para el que la recibe, la gratitud abre la puerta a compartir, a reconocer y celebrar el valor de lo vivido y la presencia del otro.

Agradecer es reconocer e integrar. En la gratitud se genera un doble movimiento. Por un lado reconocemos, nos acercamos a él otro ser en un gesto siempre interno y a veces externo.

Como la palabra indica, al reconocer amablemente al otro, le volvemos a conocer y accedemos a una dimensión de la relación que nos une.

También, cuando la gratitud es espontánea y sincera, tomamos aquello que nos es dado y lo llevamos a nuestro interior. El objeto de gratitud forma desde ese instante parte de nosotros.

¿Por qué negarnos a él placer del favor recibido, del regalo obtenido, del gesto amable, añadimos nuestra es la gratitud, sumamos al placer de lo primero el placer del reconocimiento al proveedor del bien que hemos recibido.

La existencia y la presencia del amigo se vive como uno de los mayores regalos que uno puede esperar recibir en esta vida.

Porque agradecer es dar, es compartir; es partir con el otro en el viaje de la existencia y en ese viaje, la gratitud nos hace crecer a todos, confía en tus recursos, en tus ganas y necesidad de cambio, sé positiva/o, recuerda que los fracasos nos hacen aprender y por tanto avanzar, las cosas que valen la pena no se logran en un día.



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