¿Nos estamos alimentando cuando comemos?

El conocido chef británico Jamie Oliver, regresa a Estados Unidos con su programa Food Revolution, para llamar la atención sobre la obesidad infantil y abrirle los ojos a los padres sobre la forma en que están alimentando a sus hijos, tanto en casa como en el colegio, donde pasan desde los 6 hasta los 18 años de edad. Oliver dispara sin compasión datos como que ésta es la primera generación cuya esperanza de vida no es mayor que la de sus padres, gracias a enfermedades cardíacas o diabetes.

Con un estilo crudo y directo, Oliver desnuda el exceso de azúcar, sal y otros componentes nocivos que se esconden dentro de provocativos y prácticos envases con que hemos desplazado las comidas diarias. Debido al ritmo de vida moderna, en la mayoría de los hogares se ha perdido la rutina de cocinar y a pesar de la gran oferta de ingredientes que nos ha traído la globalización, los paladares se han acostumbrado a unos pocos sabores, mayormente de comida chatarra. Cada día comemos más pero nos alimentamos menos.

Con un panorama tan desolador y tan poco tiempo para los quehaceres del hogar, puede sonar muy complicado tratar de revertir esta tendencia, pero si cada uno da pequeños pasos en casa, se pueden ver resultados y ganar la batalla una cocina a la vez. La clave suena obvia, pero está en volver a comer comida de verdad.

A nivel familiar, podemos comenzar por averiguar de dónde provienen nuestros alimentos y tomar decisiones bien fundadas; acercar a los niños a las frutas y los vegetales sin enmascararlos, volver a cocinar, aunque sea algunos días a la semana e involucrar a los niños en el proceso, además de darles a probar alimentos nuevos para sacarlos de la adicción a los carbohidratos y alimentos procesados.

Si forma parte de esa categoría de los que nunca cocinan en casa, redescubrir el mercado, las recetas y la preparación de los alimentos puede ser toda una aventura. Quizás crear el día de probar, o el día en que ponemos en prácticas nuevas recetas e introducimos nuevos sabores a nuestra mesa. A lo mejor en el camino no sólo mejoramos la salud, sino que encontramos un nuevo pasatiempo familiar y por qué no, hasta un futuro chef.

 



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