Nos falta amor

Nos falta amor

Esta reflexión de hoy me costó mucho escribirla porque soy madre. Además, solía vivir cerca de la escuela de Parkland donde sucedieron los acontecimientos del pasado 14 de febrero del 2018. Conozco una maestra y varios hijos de amigos que pasaron por esta difícil situación, pero que corrieron con la suerte de no contarse entre las víctimas.

Quería que mi contribución de este mes de febrero en este espacio fuese sobre el amor, y curiosamente no me venía la inspiración hasta que sucedió lo que todos conocemos. La ausencia en el corazón de muchas personas de este sentimiento llamado amor es sin duda una de las principales raíces de que en nuestro mundo pasen cosas como lo acontecido en esta escuela secundaria de los Estados Unidos.

Hoy en día, la falta de conexión y presencia tiene mucho que ver con la atención. No tenemos tiempo porque vivimos en sociedades que nos demandan trabajar muchas horas. Llegamos a nuestros hogares agotados, y esto se convierte en un ingrediente que hace que nos desconectemos emocionalmente de lo que está pasando ahí en nuestra propia casa y familia.

En la mayoría de las noticias la principal responsabilidad recaía en una ley complaciente y poco estricta. No niego que esto sea uno de los ingredientes de este fatídico resultado. No deseo enfocarme en este punto, considero que como ciudadanos nos tocará hacer nuestra parte en exigir cambios al respecto. Esta medida quizás reducirá el índice en un futuro, pero el origen del problema en mi percepción no parte de allí.

El principio está en ese individuo que efectúa el acto. Este es el punto al que quiero llegar y donde deseo hacerlos meditar: Nuestra responsabilidad como individuos más allá de la ley.

Una persona que no se siente amada y aceptada es presa fácil para caer en este tipo de comportamiento. Querrá mostrar su descontento de algún modo, y como un huracán ese cúmulo de emociones nocivas que lleva en su interior (porque no es “mirado” ni por sus familiares ni por sus seres cercanos de una forma dedicada y conectada) usará todo ese desamor para llevarse por delante lo que sea y llamar la atención con ello.

Hay que crear una conciencia más empática y dejar de medicar indiscriminadamente al niño inquieto. Esto en vez de convertirse en una solución, hace que corramos la arruga solo por un tiempo. El problema de fondo nunca se sana porque se queda allí oculto en su interior. Esa persona sigue con conflictos que han sido solo anestesiados.

Estos sucesos nos invitan a que revisemos de igual manera la calidad del tiempo que pasamos con nuestros hijos; cómo dejamos que ellos usen de forma deliberada los celulares y los videojuegos. La tecnología de hoy es una realidad tan abrumadora. Yo recuerdo momentos cuando al estar absorta con mi celular les presté poca atención en algunos momentos a mis hijos. En estos momentos ellos me hablaban de situaciones que yo consideraba “sin importancia”, pero que quizás para ellos sí eran relevantes. Y es aquí donde podemos empezar a ser agentes de cambio. Seamos padres presentes en atención.

Veamos con cuidado esos videojuegos violentos que les compramos, esa música que nuestros muchachos cantan sin pensar en el trasfondo de sus letras, y volvamos al rescate de los valores esenciales: amor y presencia.

A veces nosotros los padres cometemos el desliz de ponerles adjetivos a nuestros hijos, hablamos de ellos de una manera negativa. Los tildamos de flojos o buenos para nada. En muchas ocasiones, no hablamos con ellos, sino de ellos. Cuando los calificamos negativamente, perdemos la posibilidad de ese acercamiento que es necesario para generar el espacio donde podamos enterarnos de qué les sucede realmente. Allí podremos entonces, (una vez que haya una verdadera comunicación) orientarlos y acompañarlos de manera tal que no necesiten ni se vean en la tentación de llegar a extremos. Si el problema de nuestro hijo es mental, allí estando presentes como padres buscaremos la ayuda y el apoyo necesario para poder asistirlos de una manera adecuada. Debo completar esta idea con una frase de @modomama que dice: “Como crías a tus hijos, impactará a los míos”. Todos vivimos en una misma comunidad.

El miedo de ahora en adelante no debe ser nuestro norte por muy traumático que haya sido lo sucedido. Confieso que al día siguiente llevé a mi hija con temor a su colegio. El miedo y la cólera siempre nos hará ver todo con desconfianza. No podemos sacrificar la libertad por la seguridad, y la obsesión por esta última no debe ser la que dirija nuestras vidas. No podemos estar paranoicos viendo como amenazante cualquier cosa que nos rodea. Un arma no se dispara sola, hay alguien vacío de muchas cosas que definitivamente necesita nuestra mirada y ayuda. Y sabemos que cualquier cosa puede ser usada como objeto para hacer daño si seguimos poniendo la responsabilidad de lo sucedido en únicamente culpar a lo externo.

Que nuestra labor en los días por venir sea abrazar y amparar a cada uno de los nuestros con amor para que así podamos ver descender esta desafortunada estadística. #NeverAgainMSD.



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