Nuestro cerebro es compasivo por naturaleza

Nuestro cerebro es compasivo por naturaleza

“Todo ser humano tiene una mente que no puede resistirse al ver el sufrimiento de otros”. Esta frase con 2300 años de antigüedad, y atribuida al sabio chino Mencius, encierra un verdad que hoy en día la neurociencia está comprobando: nuestro cerebro está pre-configurado para la bondad.

¿Será posible, en un mundo donde la maldad pareciera ganar terreno? Resulta ser que las resonancias magnéticas y el estudio de la actividad de las neuronas en el cerebro revelan que por “default” tenemos una naturaleza compasiva. Ayudar al prójimo, compartir sus sentimientos y establecer empatía nos viene como programación de fábrica.

Daniel Goleman es psicólogo y autor del best seller Inteligencia Emocional, y más recientemente, Inteligencia Social. En este último libro escribe “cuando vemos a alguien desolado, reverberan circuitos nerviosos, una especie de resonancia empática impresa en nuestro cerebro, que se convierten en el preludio de la compasión”. En otras palabras, no es que sentimos compasión porque tengamos un alma elevada (aunque esto ayuda, y mucho) sino porque tenemos un cerebro que ha aprendido a ver la bondad y la compasión como una estrategia de supervivencia.

¿Cómo así? Piensa por un instante en nuestros ancestros nómadas. En un mundo de fieras depredadoras y peligros, la mejor forma de mantenerse con vida era andar en grupo, compartir las labores y asistirse unos a  otros. En la selva y las cavernas no sobrevivía el más fuerte, sino el que tenía la mejor red de apoyo.

Fue en este ambiente como desarrollamos la capacidad de “contagiarnos” de emociones. Si un miembro del grupo presentía una amenaza y sentía miedo, esta emoción se regaba en el resto y todos se ponían alertas, listos para correr. Y fue esta capacidad de sentir y compartir los sentimientos la que determinó la supervivencia de los seres humanos por miles de años, de la misma manera como sigue sucediendo con otras especies. Esa historia evolutiva sigue presente en la biología de nuestro cerebro.

Pero hay algo más: sentir algo es el preludio de la acción. Según han comprobado las imágenes de actividad neuronal, cuando a nivel inconsciente nuestro cerebro siente una emoción inmediatamente se prepara al cuerpo para actuar (el ejemplo de la tribu huyendo de una pantera) y no es sino hasta cuando nos hacemos conscientes de ese sentimiento que podemos regular y organizar la respuesta (tomar un arma para defenderse de manera planificada). En ambos casos, antes de cualquier acción del cuerpo ocurre una compleja actividad cerebral, y como dice Daniel Goleman, esto potencia los sentimientos de bondad y cooperación.

Jerome Kagan es profesor de psicología en Harvard y un convencido de la inclinación hacia el bien de la humanidad. “Si bien los seres humanos heredamos una tendencia biológica que nos permite sentir envidia, rabia, celos o violencia” dice Kagan “hemos heredado una tendencia biológica aún más fuerte hacia la compasión, el amor y el cuidado, especialmente hacia aquellos más necesitados”. Esta inclinación biológica es una característica de nuestra especie.

¿Significa esto que somos buenos por naturaleza? No es tan blanco y negro, pero sí podemos pensar que nuestra capacidad para hacer el bien está “quemada” en los circuitos cerebrales. Convertir esa capacidad y esas emociones en acción es el camino para crear un mundo más compasivo. Pon esas neuronas a trabajar.



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