Nuestro cerebro es plástico

nuestro cerebro es plastico

Hace unos cuantos años atrás, cuando era estudiante, uno de mis maestros de la facultad afirmaba que todos los individuos nacíamos con un número determinado de estas células protagónicas del sistema nervioso llamadas neuronas, y que, a lo largo de nuestras vidas, indefectiblemente, morirían sin posibilidad alguna de regeneración.

El concepto de que el desarrollo y regeneración del cerebro se detiene en la edad adulta no es tan cierto ni tan trágico como parece. Como en la ciencia el conocimiento es dinámico y se va modificando con el transcurrir del tiempo, los estudiosos del tema han descubierto, a través de nuevas técnicas de neuroimagen, que nuestro sistema nervioso tiene el potencial o la capacidad de modificarse para formar conexiones nerviosas ante una información nueva.

La flexibilidad y potencialidad que tiene nuestro encéfalo de modificarse ante circunstancias, incluso lesiones, durante la infancia, adolescencia y la vida adulta es lo que se define como neuroplasticidad. Cuando hablo de modificaciones me refiero tanto a su estructura anatómica como a su funcionalidad.

Ahora bien, se entiende que para que este proceso de plasticidad se lleve a cabo, es decir, para que nuestro sistema nervioso se pueda reorganizar y adaptar ante un estímulo o información nueva, este debe suceder de manera repetitiva. Por ejemplo, si usted nunca ha caminado sobre la nieve y le toca vivir en un sitio nevado, es posible que durante un período sus caídas y resbalones sean bastantes frecuentes. En la medida que usted vaya adquiriendo la destreza de caminar sobre la nieve, estas caídas serán menores y lo hará como si siempre hubiese vivido con ella.

Y ¿qué sucede en nuestro encéfalo a medida que vamos aprendiendo una habilidad nueva?

Pues se van estableciendo nuevas conexiones interneuronales, nuevas vías de comunicación entre las neuronas en la medida que la experiencia se va haciendo repetitiva. Este fenómeno de interconexión reforzada hace que la información viaje de manera más rápida entre las neuronas implicadas y nuestro aprendizaje se haga, de igual manera, más rápido.

La neuroplasticidad también se refiere a todos esos procesos de remodelación o cambios estructurales que subyacen a la recuperación total o parcial que tiene un individuo posterior a una lesión periférica o central de su sistema nervioso. Esta capacidad le permite al cerebro adaptarse y reponerse total o parcialmente a trastornos o lesiones como las que se producen en enfermedades como el Parkinson, esclerosis, trastornos del sueño, accidentes cerebrovasculares, entre otros.

El término de plasticidad neuronal no solo implica desarrollo de nuevas conexiones entre células, es un poco más complejo y abarca procesos de regeneración celular, muerte de otras, cambios intracelulares, potenciación o depresión de la transmisión del impulso eléctrico, activación de áreas cerebrales adyacentes y hasta del hemisferio cerebral contralateral.

La plasticidad y el envejecimiento

Debido al declive neurobiológico que ocurre con el transcurrir de los años, es sabido que los ancianos tienen un rendimiento neurocognitivo menor en comparación a la población joven. Pero esto no siempre es así, porque se han visto adultos mayores que pueden obtener un rendimiento similar al de un joven al hacer uso de los mismos locus cerebrales que usan los jóvenes, pero a su vez, usando otras regiones cerebrales que ni los jóvenes ni otros ancianos usan, incluso de ambos hemisferios cerebrales. Esto es lo que se conoce como plasticidad compensatoria.

Durante el examen de validación de mi título de médico en otro país, tuve la experiencia de rendir mis exámenes teórico-prácticos con jóvenes recién graduados y con colegas de hasta setenta años de edad, y los resultados fueron para todos satisfactorios. Esto es posible, en el caso del adulto mayor, gracias a la capacidad de nuestro cerebro de sobreexplotar otras áreas del cerebro, de utilizar nuevos recursos cognitivos, como estrategias de compensación.

Como conclusión, nuestro cerebro no es una estructura rígida, todo lo contrario, es un sistema maleable que se va adaptando a todos aquellos estímulos sucesivos, injurias, entrenamientos, rehabilitaciones, fármacos y muchas otras cosas a las que podamos estar expuestos a lo largo de nuestras vidas.



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