“Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo”

El nombre del título es una frase de la película “En busca de la felicidad”, protagonizada por Will Smith. Si has visto la película seguro sabes a cual escena me refiero y si no, aquí la dejo.

Recordé mucho esta frase en mi última aventura a la montaña. Mi pareja (Mikel) es un experto montañero y poco a poco me ha ido metiendo en esto, así que he podido ver como me he ido superando física y psicológicamente y debo decir que es realmente gratificante poder ir un paso más adelante cada día.

Nuestra última cumbre la hicimos el 2 de enero. La montaña en invierno es muy dura, más allá del frío que es lo primero que piensa la gente, existen más factores que hacen que el reto sea mucho mayor que en verano.

Ese día teníamos 1300 metros de desnivel que superar, muchas horas por caminar. Después de meses sin ponerme las botas de invierno (que son muy duras), mi pie derecho me mataba de dolor y la montaña cada vez se ponía más inclinada. Llegaba el momento de ponerse los crampones , esas garras metálicas que se colocan en las botas para agarrarse mejor a la nieve y el hielo.

Seguimos la ascensión y cada vez se ponía la cosa más difícil. Mikel me dijo que cuando yo quisiera nos dábamos la vuelta , entre mi dolor de pie, lo difícil que se estaba poniendo y que se nos echaba el tiempo encima, sinceramente era para pensárselo. Pero le dije que quería continuar.

Después de casi 5 horas caminando cuesta arriba, la cumbre estaba cerca y Mikel me dice: “espera aquí que voy a mirar como está”. Le veo subir ya por una parte vertical con los piolets (es una herramienta para escalar por hielo y nieve), llega arriba y lo veo dudoso, de repente me dice: “¿Te importa si no subes?”. ¡No lo podía creer! Después de todo el esfuerzo no poder llegar a la cima… Le pregunto: ¿Por qué? Me dice: “está delicado”. Le digo: ¿no me ves capaz? Y me dice:“no sé es que está muy delicado”.

Normalmente le hago caso, pero no me quería quedar a pocos metros de la cima, era yo quien tenía que decidir si sería capaz de hacerlo o si por el contrario me iba a rajar sin siquiera intentarlo. Así que le dije: ¡voy a subir! A lo que el respondió: “bajo a por ti”, “no es necesario”, le contesté.

Subí por la parte que él consideraba más delicada sin ningún contratiempo, como dicen por ahí “la ignorancia es muy atrevida”, pero cuando llegué a donde estaba él fue cuando vi lo delicado (al menos para mis ojos), no estábamos en la cumbre pero ya teníamos una vista de 360 grados y para llegar a la cima debíamos atravesar un tramo de la cara norte de la montaña. Era como una pista de patinaje inclinada que te podía hacer resbalar y no parar. Y allí le dije: “esto sí que está delicado” y él me dice: “no, lo que has hecho era lo peor, aquí no hay problema” y entonces comenzó a explicarme cómo debía hacerlo. Empecé a dudar, a sentir miedo, era un sitio donde sabes con certeza que si tienes un pequeño fallo ¡te matas! y no exagero. Pensé, respiré profundo, me visualicé en la cumbre, valoré el esfuerzo que había hecho y finalmente ¡me lancé! Reuní todo el valor que tenía y lo hice, unos minutos de suspenso y la recompensa era mía, llegué a la cumbre ¡Dios! ¡Wow! ¡Qué satisfacción! No lo podía creer.

Estando en la cumbre nos abrazamos observamos la maravilla que nos rodeaba y Mikel me dijo: “es lo más difícil que has hecho nunca”, confesándome que por un momento había dudado si sería capaz o me quedaría bloqueada… Es por eso que “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo”.



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