Obesidad: ¿por qué nada funciona contra ella?

Obesidad: ¿por qué nada funciona contra ella?

Hace tiempo el Nuevo Herald publicó una noticia que, aunque sospechada, no nos imaginábamos que iba a ser tan desalentadora. Se trata de un estudio llevado a cabo por la organización  Trust for America’s Health, que revela que la obesidad en Florida ha aumentado en 80% en los últimos 15 años. La verdad es que estos números son aterradores, porque no solamente señalan una tendencia que lejos de ir disminuyendo parece ir aumentando, pero además porque también deja al descubierto que NADA de lo que se ha intentado para hacer que estos números disminuyan ha sido efectivo.

Ante este panorama estamos obligados a ponernos la mano en el corazón y aceptar que hemos fallado y debemos rediseñar las políticas de lucha contra este flagelo que esta convirtiendo a la población Americana en un país de enfermos crónicos discapacitados.

Cuando hablo de sincerarnos lo digo por todas las partes involucradas, comenzando por el individuo que debe asumir la responsabilidad de su salud, por los organismos y profesionales que proveen cuidados médicos, y también la familia y los sistemas educativos y de prevención. Hay que entender que la obesidad y el sobrepeso no son un enemigo fácil a vencer pues es un monstruo de muchas cabezas, o de muchas causas y el remedio debe ser en consecuencia.

Si ponemos bajo la lupa todos lo que el mercado ofrece para combatir el sobrepeso notaremos un patrón común y es la falta de foco en la causa primordial:  la mala nutrición. Todos los métodos se empeñan en tratar los síntomas que son el exceso de peso, de grasa corporal y el sedentarismo, y en ofrecer remedios milagrosos. Pero ninguno da la clave para curarnos definitivamente de la enfermedad.

En estos últimos 15 años, por ejemplo, veremos que ha habido una proliferación de dietas con nombres exóticos, y promesas de todo tipo pero ninguna ha encontrado la cura para toda la población obesa, por lo que entonces no califica como una solución efectiva y al contrario lo que han dejado al final es más gordura y frustración.

También esta última década ha sido la de los miles de videos y técnicas para hacer ejercicio en casa, al aire libre, en el gimnasio, aparatos que van desde los mas sencillos hasta otros que requieren un curso de ingeniería para poderlos usar y  que prometen eliminar la gordura para siempre pero…tampoco han resultado, y la mayoría están en el lugar mas polvoriento y oscuro del garaje esperando para ser donados.

Luego están los fármacos, pastillas, brebajes, preparados, y hasta conjuros que se venden no sólo en farmacias, supermercados, tiendas esotéricas, pero sobretodo en la Internet, que venden aún cuando todo el que lo compra lo primero que piensa es “ esto debe ser mentira pero voy a probar…”.

Ya en un nivel más “fashion” y pseudocientífico entramos en el mundo de las hormonas sintéticas o biológicas en forma de inyecciones, gotas, parches y pare usted de contar, que si bien es cierto, cumplen la promesa que es bajar 30 libras en 30 días, lo que no dicen es que estos fármacos con muchos efectos colaterales siempre van acompañados de dietas de 500 calorías, es decir con una limitación de alimentos extrema, con lo cual pierden su seriedad pues, a mi modo de ver, nadie necesita ser inyectado o invadido de hormonas si de todas maneras se va a matar de hambre. Por supuesto al igual que otros métodos este no enseña a como alimentarnos sanamente y al final la persona engorda gran parte de lo que rebajo.

No podemos dejar de mencionar la cirugía bariatrica, que aunque ha ayudado a disminuir ligeramente la morbilidad causada por la obesidad, la cruel verdad es que no ha logrado que el paciente cambie su mentalidad de gordo y entienda que este recurso es sólo una ayuda inicial a un proceso que implica un trabajo más largo y dedicado.

ENTONCES ¿QUÉ FALTA?

En mi opinión, falta que dejemos de pensar que la obesidad tiene soluciones mágicas, falta que hagamos una pausa y coloquemos a la salud y  nuestra alimentación en un sitio prioritario, falta que reconozcamos que la batalla es contra una conducta que hemos arraigado en nuestra psique y que reconozcamos que la comida es nuestra medicina o nuestro veneno dependiendo de lo que escojamos. Es importante recuperar la porción del plato que ha sido distorsionada, y debemos entender que si comemos más de lo que quemamos el único resultado es la gordura. Que volvamos a comer comida de verdad, de la que se compra y se cocina y no de la que viene disfrazada de comida pero que en realidad son una bomba de químicos, azúcar refinada, grasas saturadas y adictivos de todo tipo. Falta que regresemos a la cocina donde confluyen el amor del cocinero de turno (mamá o papá), con las recetas de la abuela y las caras de felicidad y satisfacción de los niños.

Como vemos se dice fácil pero requiere de un cambio de estilo de vida que debe imponerse casi por obligación pues ya estamos en el punto donde no podemos seguir poniendo en riesgo nuestra salud y la de las personas que amamos por un acto de negligencia. Los números han hablado, y los resultados claman por un cambio real. Los invito a que salgan de esas estadísticas y que lo hagan con mucho positivismo y con la certeza absoluta de que sí se puede.



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