Medidas para una vida urbana sustentable

Cierta idea tradicional y activista del conservacionismo nos presiona para que cambiemos radicalmente de vida y le demos la espalda a un montón de cosas que son parte importante de la vida urbana del presente. Pero si damos pasos más modestos y más moderados, que sí seamos más capaces de llevar a cabo, probablemente contribuyamos más.

No sirve de mucho idealizar una revolución «verde» que no es factible: mucho más útil será introducir pequeños cambios en nuestra cotidianidad que ayuden a que la experiencia citadina sea un poco mejor. O lo que es lo mismo, más sustentable: menos depredadora de recursos y más sostenible en el tiempo. Las siguientes ocho medidas no son las únicas, pero pueden ser un buen comienzo porque están al alcance de todos nosotros.

1. Modera la cantidad de desechos sólidos que produces. La tendencia cada vez más extendida a evitar el uso de bolsas plásticas va por el camino correcto: las bolsas plásticas son una parte importante de la basura no biodegradable que producimos a diario. Aprovisiónate de buenas bolsas de lona con las que ir al mercado y evita, en lo posible, que te den bolsas de plástico, y si te las dan, reutilízalas todo lo que puedas. Lo mismo con muchas otras cosas: por ejemplo, piensa si realmente necesitas esos pitillos (o pajitas, o straws) para consumir esa bebida. Se trata de que te preguntes si lo que está llegando a ti puede ser dispuesto adecuadamente después, o será más basura, y reduce ésta última. Sobre todo la más tóxica, como las baterías y los componentes de celulares y computadoras, que debes tratar de averiguar en tu ciudad si es posible reciclar o desechar en un sitio seguro.

2. Piensa cómo, cuánto y qué consumes. Gran parte de lo que compras será, cuando ya no te sirva, basura. Incluso parte de lo que lo envuelve lo será en cuestión de segundos, como pasa con los innumerables envoltorios en un combo de fast food. Antes de comprar algo, piensa en el destino final de eso, si se puede recilar, y sobre todo, si realmente lo necesitas, o si no puedes consumirlo de una manera menos perniciosa para el entorno. Piensa en la energía que estás consumiendo y muy especialmente en el agua, en cuánto de ella gastas, en cuánto de ella devuelves a la tubería, contaminada con aceite o con químicos. No te estoy pidiendo que te entregues a una vida de absoluto desprendimiento como un asceta budista, sino que simplemente te preguntes si lo que vas a comprar generará mucha basura o si fue producido de una manera excesivamente perjudicial. Esa pieza de madera que quieres para la sala de tu casa, por ejemplo, ¿proviene de un bosque que está manejado sustentablemente, y tiene una certificación que lo demuestra? 

camina3. Camina. No todas las ciudades o los climas lo favorecen, claro, pero hazlo donde puedas y cuando puedas. Cuando caminas, no estás quemando combustibles fósiles, el principal contribuyente al calentamiento del planeta durante los últimos dos siglos. Tampoco estás atrapado con tu automóvil en el tráfico calentando el aire. Y caminar es, como sabes, muy bueno para tu cuerpo y para tu mente. Como lo es también usar la bicicleta, un medio incluso más eficaz y nada contaminante, que debes considerar como opción.

4. Usa más el transporte público. Cuando es bueno, es enormemente beneficioso para una ciudad: un autobús es un solo motor transportando a dos docenas de personas que podrían estar haciéndolo mediante dos docenas de motores, en vez de uno. Según ese cálculo hipotético, ir en bus o en tren reduce exponencialmente el consumo de combustible. Un buen transporte público es condición básica de una mejor ciudad y se hará más importante con el tiempo, ya verás. Respalda a los políticos que creen en él, no a quienes defienden a los vehículos sobre las personas.

5. Mantén tu automóvil en buen estado. No solo para proteger tu inversión, sino para que no contamine más de lo que debe, ni consuma más combustible de lo que debe, ni contribuya al drama del tráfico quedándose varado por una avería en mitad de una avenida.

6. No hagas ruido. El ruido también es polución, es pésimo para la salud de todos y altera al componente natural de tu ciudad, a los árboles, a los pájaros. Disminuye indudablemente la calidad de vida en una urbe. No toques la corneta (o bocina, o claxon) si no es necesario, no subas el volumen de la música más de lo que debes, no martilles un clavo para colgar ese poster que te compraste a medianoche. Por favor, no.

planta7. Siembra plantas. Aunque sea una, en una maceta en tu balcón. O árboles en los alrededores de tu casa, en los parques, que sería lo ideal. Las plantas, como nos enseñaron en la escuela, producen oxígeno y se tragan al protagonista del efecto invernadero, el dióxido de carbono. Además, atraen a los pájaros y ayudan a regular el clima. Sin ellas, realmente no podemos vivir. Y son hermosas. 

8. Sigue las normas de tu ciudad. Otra regla de oro de la sustentabilidad porque produce mejor convivencia, combate el stress colectivo, optimiza el uso del lugar y de sus recursos. En serio. Colabora con algo que es responsabilidad de todos, aunque suene a slogan vacío: obedece las normas y las señales de tránsito, respeta los semáforos, ten en cuenta el espacio de los demás, no dañes el mobiliario urbano ni el espacio público… compórtate tú como quisieras que se comportaran siempre los demás. El que casi todos los demás actúen como bárbaros en plan de saqueo no te obliga a seguir su ejemplo. Dales tú el tuyo. Ya. Desde ahora mismo.

 



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