Oír el silencio

Cuando la Vida, cuya sabiduría es más grande que la existencia misma, me pidió que escribiera unas líneas en su nombre, me pregunté: ¿Cómo hago para que mis palabras no empañen la extrema claridad de los días, ni perturben el profundo silencio de las noches? ¿Puede acaso la pluma de un mortal, atreverse a desgarrar los oídos de la Verdad con sus trazos?

Al principio creí estar en un gran dilema. O rechazaba su tan gentil ofrecimiento, o me limitaba a dejar meros espacios en blanco. Mas recapacitando comprendí que si mis palabras eran guiadas por los impulsos de mi más profundo Ser, tal vez algunas tímidas letras podrían esbozarse sobre el papel. Y así lo hice, dejé que mi pluma danzara al compás de mi espíritu libre. Y comencé diciendo así:

¡Oh, Vida!

Tú que has visto todos los comienzos y todos los finales, dime: ¿Cómo es ese lugar del que venimos y hacia el que todos vamos?

Tú que has oído todos los sonidos y todos los silencios, dime: ¿Qué tiene para decir mi corazón, que tanto anhela mi Alma?

Tú que has sentido todas las sensaciones y todas las emociones, dime: ¿Por qué la tristeza me mira desde la ventana, cuando la felicidad juega conmigo en el living de mi casa?

Tú que has creado los mares y las costas, dime: ¿Cómo es que la bravura de la ola se convierte en una suave y delicada caricia para la playa?

Tú que has elevado las gloriosas montañas y hundido los verdes valles, dime: ¿Cómo puede mi ego caer de rodillas ante la esencia, y mi esencia ser tierra fértil para que la Verdad crezca?

Oír al silencioTú que has pintado el cielo de azul, y que has sembrado los prados de infinitas flores, dime: ¿Es un corazón que anhela volar, capaz de apreciar la belleza de la sencillez y embriagarse con el aroma de la gratitud?

Tú que has pintado sobre el firmamento al sol, a la luna y a las demás estrellas, dime: ¿Es envidioso el día de la noche, o la noche envidia al día?

Tú que has permitido que derrame mi tinta sobre tus blancas hojas, dime: ¿Son mis preguntas justas para ti? ¿O he acaso insultado tu sabiduría con mis exigentes demandas?

Y seguidamente el grito desgarrador del silencio eterno me devoró, hasta hundirme en la profundidad de una desoladora y definitiva vergüenza. Y así nunca más fui oído por la Vida, más la Vida jamás volvió a hablarme.



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