Paciencia en prosa y verso

Hoy tuve una dosis de Inspirulina y quise compartir esto con toda la comunidad.

En mis últimos artículos he hablado del esfuerzo que implica sacar un país de la desidia moral y construirlo sobre bases sólidas de trabajo y superación. He hablado de nuestra carencia en educación, en lo cultural, lo cívico y lo moral y de cómo, si bien es la vía larga, renovarnos como población en esos aspectos es la única y verdadera vía de cambio. He enfatizado la necesidad de empezar a transitar ese camino a sabiendas de que tomará años llegar a ser lo que muchos soñamos sea Venezuela. Pero como ilustra el dicho “Dios mío dame paciencia… ¡pero dámela ya!”, la paciencia es un bien escaso. Especialmente cuando nos vemos rodeados de tanta injusticia y sentimos indignación al ver lo que pasa en el país.

Haciendo un alto en el camino y tomándonos unos minutos para reflexionar, tenemos que entender que paciencia no es pasividad. Muchos lo confunden, y asumen una postura en la que no acabar con todo a golpes de una buena vez es ser cómplice; que esperar y transitar los caminos correctos es de “Gandhianos”, como en algún momento me llamaron.
Pero yo insisto en que hay que seguir trabajando constantemente en lo que, a mi juicio, son los cuatro ejes de acción (leer “Oposición… ¿qué hacemos?” en El Universal, 20/08/13) para llegar a esa visión de país que anhelamos, y una vez más, estando conscientes de que los objetivos que valen la pena siempre implican perseverancia y tiempo al tiempo. La paciencia proviene de la fe, así que es exclusiva de aquellos que consideran que el éxito está irremediable e indisolublemente ligado a la constancia, y con ella está garantizado. No creerlo así es la receta perfecta para la desesperación y las decisiones erradas.
Me tomo el atrevimiento de complementar esta reflexión con un poema que compartió mi padre conmigo hace varios años y que espero recordar fielmente. Se titula “Acto de fe” y es de la autoría del poeta yaracuyano José Parra.
Lo que no tengas hoy, mañana lo tendrás
No es tiempo todavía
Nunca en el breve término de un día
Madura el fruto ni la espiga grana
No son nunca en la labor humana
Vano el esfuerzo o inútil la porfía
El que con fe y amor, lucha y confía
Los más grandes obstáculos allana
Trabaja y persevera, que en el mundo
No existe nada estéril ni infecundo
Para el poder de Dios ni el de la idea
Pues hasta la estéril y deforme roca
Es manantial cuando Moisés la toca
O estatua cuando Fidias la golpea
Si queremos una nación sólida y hermosa, entonces, como Fidias, tomemos nuestro cincel y golpeemos la roca día a día. Esa constancia, y nuestra fe en Dios, nos darán el país que queremos.


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