Paciencia en tiempos de inmediatez ¿cómo obtenerla?

La realidad que nos ha tocado vivir nos empuja a la satisfacción casi inmediata de nuestras necesidades, en la comida rápida podemos ubicar un ejemplo bastante ilustrativo de esto y la justificación de la rapidez la colocamos en el acelerado ritmo de nuestras vidas y/o en el poco tiempo que tenemos para encargarnos de ciertas actividades.

Esto no es sin consecuencias y cada vez será menos común encontrarnos con personas dispuestas a esperar  el tiempo necesario para obtener un resultado o alcanzar una meta específica, cosa que podemos ver cotidianamente en el ámbito personal y también en el contexto laboral cuando ingenuamente preguntamos «¿Para cuándo necesita…?» y la respuesta automática es «Para ayer!». En entornos donde la premura es protagonista hay altísimos niveles de frustración asociada con incumplimiento de estándares de calidad y bajos niveles de eficiencia, este no se debe a que las personas no cuenten con las competencias asociadas con un buen desempeño, sino con la alta probabilidad de fracaso de una actividad sin buena supervisión de los tiempos para su idónea ejecución.

Cuando entendemos a la paciencia como una competencia clave orientada al logro de resultados específicos gracias al manejo adecuado de los periodos de tiempo asociados con cada fase de un proceso, es bastante probable que muchas cosas comiencen a cambiar. Hablemos de paciencia entendiéndola como una capacidad para manejar asertivamente su tiempo y el de otros, el reto está en entender e integrar a su día a día que su ritmo no necesariamente es el de otros y también es importante no confundir paciencia con tolerancia.

La mayoría de las personas asocia paciencia con tolerancia y eso no es del todo cierto, la tolerancia guarda relación en cierta medida con soportar, resistir y hasta con permitir algo inadecuado, sin que esto sea necesariamente sinónimo de aprobación, mientras que la paciencia guarda relación con un manejo adecuado de los recursos con los que cuenta.

La tolerancia está asociada con una actitud pasiva ante las demandas del entorno, mientras que la paciencia está asociada con una actitud asertiva y con la dosis precisa de flexibilidad que nos permitirá hacer los ajustes que sean necesarios a la hora del evaluar los avances respecto a sus objetivos, sin consentir ningún tipo de conducta asociada con el incumplimiento de las metas propuestas por una persona o un equipo en los periodos de tiempo establecidos, siempre dando-pidiendo feedback con el propósito claro de trabajar en todas las oportunidades de mejora que puedan surgir y sin perder de vista que el manejo adecuado del es parte de la clave del éxito.

Cuando se dice que «la paciencia, es la madre de todas las ciencias» se hace referencia justamente a lo que hemos venido desarrollando en estas líneas, hablamos de la paciencia como esa capacidad de trabajo constante en la conquista del desarrollo de la humanidad y de la voluntad por seguir innovando sin que los innumerables intentos fallidos nos distraigan.



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