¿Padre de adorno?

¿Padre de adorno?

Hay mujeres de este siglo que siguen pensando que los hombres no tienen sentimientos. Puede que sea una creencia consciente o inconsciente que viene viajando en las memorias de una familia. Tras un divorcio, es común en varios países de Latinoamérica que los hijos permanezcan con la madre, y se someta al padre a un régimen de visitas y hasta se condicione su acceso a los niños.

Son tantas las memorias de sufrimiento y rabia contra el hombre, por siglos de exclusión femenina, que parece que muchas mujeres se han convertido en victimarias, y abundan las perpetradoras con voz suave y hasta amorosa.

A mi consulta vino un hombre muy triste porque ya no puede seguir la rutina de crianza de su hijo: hacerle el desayuno, llevarlo al colegio, buscarlo, prepararle sus meriendas y leerle un cuento para dormir. Su pareja pidió el divorcio y lo echó de la casa, hasta con una orden de desalojo.

En un divorcio, ¿quiénes están en el medio? Los hijos, a quienes de pronto se les mete en el saco del odio contra el hombre y se les obliga a divorciarse del padre. Lo que ocurre en una separación es que cambia la relación entre ese hombre y esa mujer, pero el vínculo con los hijos sigue intacto. Esto es lo que a muchas mujeres enojadas les cuesta comprender.

He tenido a mujeres en consulta a quienes se les dificulta tener relaciones sanas de pareja porque cuentan la infidelidad del padre hacia su madre como propia. Cuándo se les hace consciente que el asunto entre papá y mamá es asunto de ellos, y que no sabemos qué ocurría entre ellos para juzgar, a muchas se les ilumina el rostro y hasta manifiestan que ya no sienten peso sobre sus hombros.

Algunas han llegado a confesar: “por mucho tiempo pensé que yo también me había divorciado de mi padre y debía ser leal a mamá, sufriendo su dolor y viviendo su odio”.

Los hijos deben tener su propia relación con papá sin pasar por el filtro de una mamá dolida. Es lo más armónico, pero no es lo que ocurre con frecuencia.

Una pareja antes agasajada por su hombre, llena de detalles materiales querrá tras el divorcio mantener ese nivel de detalles a través de sus hijos. Si esto no ocurre con la abundancia a la que estaba acostumbrada, el mensaje que puede estar transmitiendo a su prole es: dejó de quererme y por tanto también a ti.

Es sano que las mujeres comprendan que los hombres deben rehacer su vida, porque normalmente dejan sus bienes materiales a la madre: techo, auto y otros requerimientos. Los hombres son también vulnerables, y requieren replantear sus finanzas para hacer frente a los nuevos retos, toda vez que garantizan su propio bienestar y el de sus hijos.

El caso más reciente en consulta relacionado al arrollamiento femenino estuvo relacionado con un proceso de migración. La madre tras el divorcio decidió rehacer su vida en una nueva relación. Su nueva pareja emigró del país, por lo que planificó irse con él y llevarse a sus hijas con ella. No habló al padre de sus planes; fue reservada sobre sus verdaderas razones de mudanza; instó a las hijas a no decir la verdad lo cual les creó una confusión enorme, y le dijo al padre que las hijas regresarían. Él, confiado, firmó los permisos correspondientes. El resultado es que el padre no sabe cuándo verá a sus hijas nuevamente.

Independientemente de las razones, la exclusión del padre tiene consecuencias grandes en la vida de un hijo. Someterlos a ocupar un lugar que no les corresponde les genera un peso inmenso. Ponerlos solo de un lado de la historia puede hacer que sientan a la larga un vacío inmenso.



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