Palabras peligrosas. Primera entrega

Palabras peligrosas. Primera entrega

Me tomaré la libertad de completar y comentar un artículo escrito por un muy respetado psiquiatra, terapeuta, profesor y amigo el Dr. Luis Arocha Marino MD, quien haciendo gala de sus conocimientos y experiencia nos llama la atención sobre algunos errores fatales de nuestra lengua que transfiguran y dejan ver cómo hacemos, procesamos, sentimos y actuamos nuestro mundo.

La programación neurolingüística (PNL), tiene que ver con cómo a nivel lingüístico nuestro lenguaje evidencia cómo hemos sido programados. A lo largo de la vida, aprendemos el uso y significado del lenguaje, lo experimentamos y lo vivimos sin darnos cuenta. Las palabras nos afectan, para bien o para mal, y activan nuestro sistema neuroquímico en cada ocasión según la emoción que despierten en nosotros.  Cuando alguna persona nos habla con un cierto tono de voz, con palabras positivas o negativas, de alguna manera nos programa y esto funciona de ida y de vuelta. Cuando nosotros les hablamos a los demás, sucede lo mismo, los programamos y retroalimentamos.

La PNL nos ayuda a concientizar lo que decimos y a aprender a usar el lenguaje en una forma más eficiente para tener una comunicación más clara y efectiva. Aquí van algunas palabras que consideramos peligrosas por lo que realmente significan, implican y causan:

La palabra “NO”.  Esta palabra no la registra la mente, es una elaboración abstracta. Ejemplo: “no” pienses en un caballo y “no” pienses que va galopando. Entonces, tu mente registra inmediatamente esas acciones que se supone debes o quieres evitar. Al no registrar el NO la mente procesa lo que se dice a continuación del “no” por ejemplo: “no te metas a la piscina”, “no me quiero enfermar”, “no voy a chocar”, etc. Si quitamos el “no”, nos queda la orden de meterse a la piscina, enfermarte, y chocar. Esas son las imágenes que automáticamente se proyectan en tu mente, te des cuenta o no, y tu mente capta el mensaje contrario y lo cumple.

La palabra “PERO” la usamos generalmente para unir dos ideas. La primera parte de la frase puede ser algo agradable, luego viene el “pero”, y la segunda parte de la frase, anula la primera. En ocasiones pueden ser muy ofensivas si no nos damos cuenta de cómo la estamos usando. “Tu comida está rica, pero muy picante” (estoy diciendo que no me gustó a la comida por estar picante); “te ayudo con tu mudanza, pero hoy no puedo” (no le vas a ayudar).

Sin embargo, si inviertes el orden de las frases el mensaje es muy diferente: “esta picosa, pero rica”, “hoy no puedo, pero mañana sí te ayudo con tu mudanza”. Otra manera es sustituir “pero”, por “sin embargo”, y esto tenderá a mandar el mensaje con otro significado. “Tu comida está rica, sin embargo, muy picosa”, “te ayudo con tu mudanza, sin embargo, hoy no puedo”.

Los invito a escucharse un poco mejor y a poner más atención a lo qué dicen y cómo lo están haciendo, para entonces, pasar a tener conversaciones para compartir ideas con el otro y no como una herramienta de ataque. Es decir, dejar de participar en una conversación para responder sin haber escuchado antes. Es respetar las diferencias de criterio y cuidarnos a nosotros y al otro en el verbo y en la acción.



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