Pandemia sentimental

Hace algunos días me decían que los nacidos entre el 71 y el 85 éramos población de riesgo y que había que vacunarse otra vez, específicamente de la triple vírica. Me pareció extraño pues creo que a mis años los riesgos son otros.

La verdad pienso que para sarampión pues no estamos y por mucho que intentemos disimular las arrugas con cremas y demás infiltraciones, pintar las canas y peinados mágicos para tratar de disimular la calvicie pues los años son los que son y de las pocas verdades universales es que el tiempo pasa para todos. Estas enfermedades pueriles son más propias de los niños que de nosotros los adultos. Para nosotros los riesgos son otros para los cuales no hay estas geniales vacunas que nos han salvado de desagradables episodios, por desgracia el riesgo para la población española de 27 a 41 años para la cual no hay vacuna es el divorcio, pues se produce uno cada 4 minutos.

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Este riesgo es tan común que cuando ves a un amigo con el que hace algún tiempo no coincides preguntas si aún continua casado y no si ha tenido paperas. Si se producen dos divorcios por cada tres matrimonios la pregunta es casi obligada, el problema es que quienes sí están en edad de padecer enfermedades pueriles -por tanto deben ser vacunados- son los afectados por esta especie de pandemia sentimental. Los hijos fruto de esos matrimonios con al parecer fecha de caducidad son quienes se les administra el cariño de los padres por dosis indicadas por el régimen de visitas. En esta época de vacaciones de verano es común ver como en las redes sociales los padres manifiestan sus sentimientos por poder estar con sus hijos algo más que dos tardes a la semana o fines de semana alternos.

Sobre las causas de tantos divorcios algunas asociaciones aseguran que es la pérdida de la confianza, la cual puede ser producto de una infidelidad que no necesariamente viene de la mano del hombre. Estas mismas asociaciones también aseguran que los cambios en los estereotipos son otra de las causas, en especial cuando la mujer tiene unos ingresos económicos mayores a los del hombre.

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La sociedad ha cambiado pero el matrimonio no se ha adaptado a esos cambios y quienes deben adaptarse a los cambios de la estructura familiar son los hijos a quienes se les pone un horario para estar con los padres lo cual puede convertirse en moneda de cambio y hasta chantaje.

Quizá debemos plantearnos una reflexión sobre lo que supone compartir en pareja en el entorno actual y entonces la frase «y fueron felices para siempre» recobre su vigencia, al fin y al cabo creo que todos queremos ser felices y no hacemos las cosas buscando un fracaso.

 



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