Papá ¿dónde estás?

Ella no está segura de qué edad tenía él, solo recuerda que le parecía el príncipe azul que soñaba debía ser su papá. Era un muchacho del círculo de amistades de su familia, con quien jugaba y se divertía mucho.

De vez en cuando, él se la ponía en sus piernas y la hacía hacer unos movimientos raros; la niña sentía que a él algo se le agrandaba y la respiración se le agitaba, mientras la acariciaba con cariño. Era tan sutil, tan sin violencia, que ella no sentía repulsión. Se dejaba llevar y luego él le pedía con una sonrisa muy dulce que no se lo contara a nadie.

Y no lo contó jamás, hasta que 20 años más tarde, en una sesión de terapéutica, recordó aquel abuso sexual y finalmente lo lloró. Se dio cuenta de que ella se dejaba, aunque no le gustara, porque aquel muchacho era como ella quería que fuera el papá que no estuvo.

Mi mujerabilidad está segurísima de que si los padres que no asumen su responsabilidad de tales, tuvieran la conciencia de que su ausencia hace a las niñas víctimas potenciales del abuso sexual, la paternidad irresponsable se redujera dramáticamente.

El problema es que cuando se los decimos, la reacción inmediata de ellos es la negación, porque asumir que un familiar nuestro o un amigo muy cercano pueda osar jugar sexualmente con una de nuestras niñas es difícil, impensable, no asimilable.

Este es uno de los más grandes des-Amores de nuestros tiempos, que llevan a disfuncionalidades inmensas en nosotras. Nos cuesta mucho construir mujerabilidad desde el miedo a ellos, desde la necesidad de venganza, desde el uso de la sexualidad como un instrumento para conseguir lo que queremos en la vida, o por el contrario, desde su negación absoluta para evitar volver a sentir tanto dolor.

Sigo insistiendo en la necesidad de alzar la voz, de crear la masa crítica de gente consciente para hablar del problema. Dudo que algún hombre por sus propios medios, se dé cuenta y decida buscar ayuda para dejar de abusar. De lo que sí estoy segura es que muchos pueden aprender a cuidar más a sus hijas, a darles más amor y así reducir las probabilidades de que ellas permitan el abuso silencioso y devastador.



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